La discusión que a todo mundo ocupa en las primeras horas de este naciente 2020 es la relativa a si estamos viviendo o no una “oleada” de incrementos de precios y si estos derivan de las decisiones fiscales adoptadas por el Congreso de la Unión a petición del Gobierno de la República.

El debate, como era previsible, se ha politizado ya. Quienes alinean del lado del nuevo gobierno aseguran que se trata de una interpretación “intencionada” carente de veracidad. El propio presidente López Obrador aseguró ayer, en su conferencia mañanera, que el impacto en precios derivado del ajuste al IEPS, al menos en el precio de la gasolina, no existe.

No hay eufemismo que valga y tampoco importa si la persona es partidaria o detractora de la 4T: lo que importa es que el dinero de que se dispone ahora alcanza para menos"

 “…están queriendo homologar las cosas, están queriendo decir que es lo mismo, que no hubo cambios. Están en su derecho, pero sí, los cambios están a la vista… Esto, por ejemplo, de la gasolina. Empieza una campaña: ‘Va a aumentar la gasolina, va a aumentar la gasolina’, y no aumenta. ¿Cómo quedan?, dijo adjudicándole la “campaña” a “los conservadores”.

Del otro lado de la mesa, sin embargo, la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec) asegura que habrá una escalada de precios en diversos productos de consumo general y que dicho aumento fue adelantado desde diciembre pasado por marcas como Bimbo, Gamesa, Modelo, Sabritas, Barcel, Nestlé, Lala, Alpura, Marinela y Tía Rosa.

De acuerdo con la información difundida por el líder de la Anpec, Cuauhtémoc Rivera, los incrementos de precios comenzarían a registrarse desde ayer y estos derivarían del ajuste realizado por el Congreso de la Unión al Impuesto Especial sobre Productos y Servicios en la miscelánea fiscal publicada en el Diario Oficial de la Federación en diciembre.

Las modificaciones realizadas a diversos impuestos, insisten los defensores de las decisiones fiscales, no implica la creación de nuevos impuestos ni se reflejarán “necesariamente” en un incremento de los precios, particularmente el de los combustibles.

La clave para entender lo que ocurrirá en los próximos días quizá sea la expresión “no necesariamente”. Y es que si algo no necesariamente ocurrirá eso, en el mejor de los casos, lo que indicaría es que la probabilidad de que pase es baja. Pero no garantiza que no ocurrirá.

Así pues, tal como ha ocurrido largamente en México, pareciera que la terminología gubernamental para “explicar” el significado de las decisiones fiscales sigue siendo de carácter eufemístico, mientras las consecuencias que la población padece en su bolsillo son absolutamente reales.

Porque, al final de cuentas, para el ciudadano común y corriente lo importante no es si “una combinación de factores fiscales y no fiscales” termina encareciendo el costo de un producto que desea comprar. Para el individuo de a pie lo único que importa es si el producto en cuestión le costaba el año pasado 10 pesos, pero ahora debe pagar 11.

Y en ese terreno, claramente no hay eufemismo que valga y tampoco importa si la persona es partidaria o detractora de la 4T: lo que importa es que el dinero de que se dispone ahora alcanza para menos.