En los dimes y diretes de la transición se dan muchos estilos.

Predominan los académicos, los filosóficos, los severos y formales. No faltan los juridicistas y se encuentran hasta los magisteriales.

Son raros los que presentan ideas y sugerencias en estilo llano, con la sutileza sencilla del punto y seguido. Se extraña el sentido común sanchopancesco que desborda sindéresis y llama al pan pan y al vino vino. Los análisis enredosos no dejan lugar a las síntesis concretas en que no hay lenguaje confuso, profuso y difuso sino macizo, conciso y preciso.

El que fue gobernador de la isla Barataria, escudero del caballero de la Mancha, con su mente pueblerina, ungida por lo cotidiano y lo aterrizado, podría vaciar en frases lapidarias y sintéticas los laberintos de opinión en que muchos lectores quedan atrapados.

En eso de la impunidad, el perdón y la amnistía caerían sus expresiones como rocas de gran peso:

-La sanción del delito no es venganza sino justicia.

-El que desde su fe o su humanismo perdona puede denunciar y reclamar justicia desde su ciudadanía.

-No sancionar el delito es impunidad.

-Si el mandato ciudadano es hacer justicia, los perdonados han de ser denunciados y sentenciados si cometieron delito.

-Lo de perdonar es lo ético, lo de sancionar es lo jurídico.

-Se perdona a la persona ofensora y se sanciona su conducta delictuosa.

-El poder legislativo promulga la ley, el poder judicial la aplica y el poder ejecutivo hace efectivo su cumplimiento.

-La amnistía no es sólo impunidad u omisión.

Históricamente la amnistía (parecida a amnesia) ha sido camino para la no pugna jurídica. Esta puede dividir a la población y genera violencia vindicativa. Se pierde concentración y se invade el tiempo para acentuar los esfuerzos positivos en un desarrollo integral. Es la amnistía un olvido que puede ser sano, siempre que se entienda que cierra una etapa de corrupción e inicia otra en que la corrupción se considerará delito grave con sanción correspondiente.

Cuando ha habido guerrillas se ha dado la amnistía en favor de los que entregan las armas. Podría imaginarse la amnistía a corruptos si lo que entregaran fueran los fondos sustraídos. Pero en este País ¿quién puede lanzar la primera piedra sin sacar su mano del bolsillo de otro? Ya se anuncia un sondeo o consulta ciudadana para reforzar o modificar el mandato dado en el sufragio presidencial.

Si llegan a madurar las consultas de la democracia participativa podrá aprovecharse esa recia simplicidad del hombre de la calle, de la gente de a pie, que ya va sabiendo a qué decirle no y a qué decirle sí.

Tenía Sancho la sabiduría de la lealtad y el corazón sincero. Era, sin embargo, discípulo y, antes de ser gobernador de la isla, recibió aquella inolvidable recomendación de su andante caballero: “Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el pero de la dádiva sino con el de la misericordia”.

Muchos acá que recibieron dádiva de soborno ven en el horizonte la vara de la justicia y esperan verla doblada hacia misericordia. No sería desperdicio si también vieran en el mismo horizonte, doblada su propia riqueza hacia la restitución...