La encuesta revela un posible mercado ilegal de venta de bebidas alcohólicas a menores, y un problema de salud pública por su consumo precoz que debe ocuparnos

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017, que coordina el Sector Salud, la población coahuilense de entre 12 y 65 años sería la segunda con el más alto índice de consumo de bebidas alcohólicas en el País, dentro del rango que, de acuerdo con los parámetros médicos, se considera un consumo excesivo.

El instrumento califica como excesivo el consumo de cinco o más copas en una sola ocasión, en los hombres, o cuatro o más en las mujeres. Por otro lado, establece como “abuso” en la ingesta alcohólica la existencia de un patrón de consumo recurrente, que deriva, entre otras consecuencias, en el deterioro o malestar clínicamente significativo del individuo y en el incumplimiento de obligaciones en el trabajo, escuela o casa de parte de éste.

Los resultados de la más reciente edición del estudio establecen que en Coahuila 4.6 por ciento de los encuestados reconoció un consumo diario de al menos una copa de alcohol, mientras que un 14.6 por ciento dijo ingerir, por lo menos una vez a la semana, cinco copas o más, en el caso de los hombres; o cuatro o más, en el de las mujeres.

Con independencia de que las personas mayores de edad tienen la libertad para consumir alcohol –u otras sustancias legales que resultan nocivas para la salud–, preocupa que en la estadística se incluya una franja de menores de edad, pues el rango de los entrevistados abarca desde los 12 años.

En este sentido, resulta alarmante que un porcentaje de los individuos alcanzados por la encuesta hayan reflejado el consumo ordinario de alcohol cuando no han alcanzado aún la edad legal para hacerlo y, en algunos casos, se encuentren incluso lejos de ello.

Los datos estarían reflejando varias problemáticas, pero resulta indispensable referirse a dos de ellas en particular: la posible existencia de un amplio mercado ilegal de venta bebidas alcohólicas a menores de edad y el problema de salud pública que representa el consumo de esta sustancia antes de alcanzar la madurez biológica para ello.

En el segundo de los casos vale la pena recordar que el establecimiento de los 18 años como la edad legal para consumir alcohol no constituye un capricho del Derecho, sino un parámetro de carácter biológico, pues antes de esa edad el cuerpo humano no produce las enzimas necesarias para metabolizar el alcohol y por ello su consumo a temprana edad implica serios riesgos para la salud.

Valdrá la pena que las autoridades sanitarias –así como las educativas– nos expliquen cómo van a combatir ésta, que parece una auténtica “epidemia” de consumo alcohólico, y la forma en la cual el fenómeno es analizado y atendido en nuestra entidad.

Porque más allá de la realización de la encuesta referida y la difusión de sus resultados, lo que importa es lo que se hace con los datos, es decir, la forma en la cual el sector público reacciona frente a los retos que las estadísticas dibujan y que, en estos casos, se traduce en problemas de salud pública.