Fotos: Mayra Franco
El pintor, escultor, arquitecto, diseñador, titiritero y hasta dramaturgo expuso por primera vez a los 14 años de edad en 1969, hace 50 años

Su taller en la calle de Ateneo está repleto de objetos de todo tipo: botes vacíos o con pintura, fierros viejos, pinceles, panfletos de antiguas exposiciones, revistas, materiales varios y, por supuesto, algunas de las obras que ha creado.

Alejandro Cerecero nos recibió en este, su espacio, para platicar sobre los 50 años de trayectoria que cumple este 2019, a medio siglo de su primera exposición en una galería ubicada por el callejón Santos Rojo, cuando tenía apenas 14 años.

Con 25 años residiendo en esa casa de dos pisos, cuatro habitaciones, comedor, sala, cocina y lavandería, todos ocupados por muy diferentes objetos obtenidos a lo largo de los años, la entrevista comenzó con una conversación sobre el lugar.

“Yo pensaba que el internet nunca iba a existir, entonces guardaba cosas”, nos contó, “yo trabajaba mucho en publicidad, diseño, y a veces se necesitaba, por ejemplo, un retrato de Octavio Paz, y pues ahí está en la revista, un artículo sobre botánica o quién sabe qué; tenía mucha información que ahora ya tenemos ahí en el internet”.

Heredero del arte

Hijo mayor del artista plástico Eloy Cerecero y Yolanda Alvarado creció involucrado con el trabajo de su padre, observando su proceso creativo y fue bajo su tutela que comenzó sus primeros trazos.

Una de estas obras, hecha cuando tenía aproximadamente 8 años, aún la conserva. Se trata del retrato de un indio de tez oscura pintada en acrílico sobre un trozo de madera y ya desde entonces se veía su gusto por la exploración del material y de la forma.

“Mi padre escuchaba música clásica, pintando, mi madre cuando vivíamos en la Ciudad de México estudió decoración de interiores, entonces vivía ahí en un ambiente de maquetas, mi padre pintando; nos platicaban, nos llevaban a México a galerías”, dijo, ya estando en uno de los cuartos superiores, donde libros y discos tanto suyos como de su esposa More Barret, están guardados.

“Una vez dejó mi padre un cuadro que estaba trabajando, cuando regresa ya lo había yo tallado con las manos, todo manchado; y en otra ocasión regresa y me estaba comiendo un botecito de pintura Politec amarilla y luego luego, ‘échale agua, vomita’ y ya leyó ‘no tóxico’, y pues bueno, que se lo acabe”, continuó.

Sus primeros años vivió en la Ciudad de México por el trabajo de su papá y aunque hoy reside y labora en Saltillo “siempre he tratado de regresar a México, una o dos veces al año, les digo que a respirar ceniza volcánica, sino, no estoy a gusto”.

Su interés por la creación continuó y a los 14 años tenía tal experiencia, ímpetu y obras listas que inauguró en agosto de 1969 su primera exposición, con piezas hechas con clara influencia de los movimientos pictóricos del momento.

Diseñador y decorador

Estudió arquitectura por la insistencia de sus padres de “tener una carrera más segura, pues decían que la pintura, las artes, no están fáciles” y al terminarla, en el 77, consiguió apoyo para estudiar en Perugia, Italia, aunque allá encontró una escuela muy similar a lo que se enseñaba en México; pero, comenzó su carrera como diseñador y apoyó en la creación de un restaurante, además de que se nutrió visitando museos y galerías. Estuvo dos años.

“Aquí me tocó decorar un restaurante que se llamaba Luigi Station, unos vagones que estaban por V. Carranza, muy padre. En Italia decoré el Storyteller, en unas catacumbas y a mi regreso empiezo a trabajar en ese restaurant de trenes, aunque duró poco tiempo, por la devaluación”, contó.

Explorador de las artes

A nivel pictórico menciona que al irse a Italia iba con la influencia de mexicanos como Siqueiros y Tamayo pero al volver “traigo otras ideas; Tapiés, collage, componer cosas, hacer composiciones y ya se amplía más el horizonte y a trabajar con diferentes técnicas, acrílico, acuarela; el óleo es el que me tardé más en trabajar hasta hace unos 15 años empecé”.

En el 83 participó en un Concurso Nacional de Pintura convocado por la Universidad de las Américas en Puebla, donde ganó el primer o segundo lugar, no recuerda con claridad pero sí con orgullo. “Para mí fue muy importante”, dijo.

Su obra fue elegida porque, como le dijo uno de los jurados durante la premiación “es que usted es el único que no pretende pintar como Toledo o como Tamayo”.

Desde entonces ha continuado manifestando sus ideas a través de distintos medios tanto en la pintura como en la escultura y otras técnicas experimentales. Ha hecho ensamble, instalación y arte objeto y ha jugado con materiales y conceptos sin el afán de seguir moda.

Recuerda también la serie “Reliquias” que expuso en la Galería de Rosalina Cervantes, y la cual se convirtió en un éxito, al atraer con su temática espiritual a muchas personas, que quedaron impresionadas por el mensaje.

Además, destacó su interés por exponer en lugares alternativos, desde casas particulares y bares hasta vitrinas de locales comerciales, espacios entre los cuales se encuentra la Taberna el Cerdo de Babel donde desde hace 13 años presenta la producción nueva de cada año

Inicios. Hijo del pintor Eloy Cerecero comenzó a pintar desde niño. Esta obra fue hecha cuando tenía cerca de 8 años.
Puedes tener diferentes técnicas y diferentes maneras de expresar dentro de un mismo contexto, ahí hay reciclaje, arte objeto, papel picado, pintura, ensamblaje, reciclaje. Cualquier medio sirve para expresar”.

Dramaturgo

Destacó también que durante la carrera, influenciado por las revistas musicales, el teatro y el cine que estaba llegando a México, escribió tres obras de teatro “muy influenciadas por la onda de aquella época, como Jodorowsky” llamadas “La Jaula de Oro”, “Metamorfosis” y “El Juego”.

“Buenas las obras, no porque sean mías”, mencionó, “me juntaba mucho con unos amigos que tenían un grupo de rock que se llamaba Amén, el único grupo de rock de Saltillo, ellos musicalizaron la obra y se presentaron en el Paraninfo del Ateneo, las tres obras”.

Comentó que hace unos años, invitado por el maestro Jaime Torres Mendoza, comenzó a rescatar y reescribir estos libretos para una publicación que no llegó a fruición pero que le permitió verlos de nuevo y destacó a “El Juego” como una obra muy buena y dijo que “hasta se me hace que ni la escribí yo, porque es una cosa muy padre, multimedia, con Jesús Valdés y René Gil”.

“Era una historia de cómo desde los inicios de la humanidad habla de que siempre el diablo ha estado presente y había una animación con unas bolitas que representaban átomos y llegaba el diablo y les decía ¿quieren hacer formas más complejas? y empieza a nacer la creación”, recordó, “y esa evolución siempre iba haciendo más pactos con el diablo, para tener alas, aletas, correr más rápido y el segundo acto es el último pacto donde están unos simios que quieren tener todas las cualidades, poder volar, correr, nadar y nace el humano”.

Recuerda también, entre risas, que aunque desde entonces no ha escrito mucho, las veces que lo ha intentado, su amigo, el escritor Jesús de León, con quien ha colaborado desde los 90’s —y están preparando un libro sobre las exposiciones de Cerecero, con ilustraciones de las mismas y los textos de sala que De Leon ha escrito—, suele mostrarle sus yerros con su particular modo de dar críticas.

Orines y títeres

Junto con Ángel Sánchez en los 80 fundaron la Galería Orín, Arte Fresco, en el local donde actualmente está el bar Gitanos, sobre Flor y Canela en la calle de Juárez, un espacio que sirvió de taller, galería, teatro, sala para recitales de poesía y en general para darle rienda suelta a sus inquietudes artísticas.

En el 82, junto con su esposa, tuvo la oportunidad de ver una obra de títeres de Hugo Hiriart en la Ciudad de México, lo que inspiró a ambos a crear su compañía, con la cual se presentaron con regularidad en el auditorio de la XEKS.

“Fue una buena época porque nos apoyó el municipio, cuando el 500 aniversario del descubrimiento de América montamos ‘Colón Tenía Razón’, una obra sobre el viaje de Colón, con un tinglado que era una carabela”, recordó de esta obra, en la que participaron actores como Juan Antonio Villarreal y Mauricio Freyssinier.

También durante esta época, con permiso de Gis y Trino hicieron una adaptación de “El Santos contra la Tetona Mendoza” la cual se presentó en diversos espacios en más de 30 funciones.

De todo esto conserva los títeres, escenografía y utilería en su taller.

50 años de actividad

Además de todo esto Cerecero ha hecho murales, es docente de la Escuela de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera, donde tomó la batuta de Alberto Castro Leñero, desde 2008, ha hecho escenografías para obras de teatro y ha publicado y editado revistas culturales, entre muchas otras cosas.

Reconoció, sentado en una silla que él diseñó, que la multidisciplina es su área y cómo “puedes tener diferentes técnicas y diferentes maneras de expresar dentro de un mismo contexto, ahí hay reciclaje, arte objeto, papel picado, pintura, ensamblaje, reciclaje. Cualquier medio sirve para expresar”.

Mona Lisa. Esta es una de las obras que expuso en su primera individual, en 1969 a los 14 años.