México suele llegar tarde a los fenómenos globales. Llegamos tarde a la democracia, a la apertura comercial, a la globalización, a los derechos humanos y a la batalla contra el calentamiento global. 

Algunos ejemplos. Si hubiéramos tenido reforma energética, incluso la aprobada, antes del boom petrolero que se dio en la primera década del siglo, los beneficios hubieran sido enormes. Contrario a ello, los únicos beneficiarios fueron los gobernadores que gastaron a manos llenas los ingresos excedentes del petróleo y sus amigos que hicieron grandes fortunas. Por supuesto, funcionarios y empresarios que, en su momento, saquearon Pemex.

¿Qué decir de la reforma fiscal? Quizá la #4T, en su etapa embrionaria, jamás pensó que iba a gobernar. De haberlo sabido algo hubiera hecho y hoy no estarían batallando frente a la adversidad financiera que resulta del escaso margen de maniobra que les permite un presupuesto muy comprometido. Lo anterior genera inquinas ideológicas en el equipo gobernante, reacciones poco afortunadas y muchas señales de incertidumbre para todos, desde el pequeño negocio hasta la gran multinacional, ninguna claridad en el rumbo a seguir y, por el contrario, mucha pasión ideológica que poco tranquiliza a quienes quieren y pueden trabajar.

Un fenómeno al cual también llegamos tarde fue el de la regionalización interna en los países, uno de los productos de la globalización. La política exterior dejó de ser una práctica reservada para los gobiernos nacionales en todo el mundo. La era de la comunicación permitió que estados y municipios salieran directamente a buscar más oportunidades al mundo. 

Nuestra cultura política nos detuvo en lo puramente protocolario: el abrazo, la foto, el regalo y el tequila, cuando la contraparte estaba ansiosa de generar acuerdos de mutuo beneficio en múltiples ejes de gobierno, no sólo en el económico. “No fuera a enojarse el señor Presidente”. Por ello los alcaldes y gobernadores se allanaron ante el poder presidencial. El que paga manda. Sin espacios para innovar y con muchos riesgos sueltos por allí. Proméxico captaba la inversión internacional y sólo ellos decidían a dónde la hacían llegar, por lo general “al gobernador mejor portado”. 

Guanajuato fue de los primeros en rebelarse. Quizá por eso pasó de exportar 300 millones de dólares a 20 mil millones de dólares anuales. Pasó de ser uno de los cinco estados más pobres, a uno de los cinco más prósperos. El cambio coincidió, sin duda, con la apertura política. Ese crecimiento coincidió con una estrategia planeada respetada y ejecutada por seis gobernadores al hilo. Ya terminaron su plan 2020 y ahora arman el 2050, y es en este plan en donde se aprovecha la coyuntura nacional para crear la Alianza de Estados Centro-Bajío-Occidente, integrada por Guanajuato, Aguascalientes, Querétaro, San Luis Potosí y Jalisco. Dicen que toda crisis es una oportunidad y estos gobernadores así lo están entendiendo. Los vacíos se llenan, y en política lo hacen más rápido. Si el Gobierno Federal cierra Promexico, será la oportunidad para que esta alianza se promueva directamente, si el Gobierno Federal cierra el Consejo de Promoción Turística, ahí estarán ellos para aprovechar el vacío. Si a nivel federal no hay certeza, en esta Alianza se buscará ofrecerla. 

Este fenómeno es muy antiguo. Aunque parezca novedoso, también vamos tarde. Sucede en Brasil en la región de Sao Paulo, en la India, en Baviera en Alemania, en el País Vasco o en la Lombardía de Italia. En México tuvo que llegar un Presidente que renunciara a proyectos en aras de una política de austeridad. 

Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas unidos son una potencia incluso mayor. Tienen una enorme frontera con la primera potencia económica del mundo, en particular el estado de Texas, la décima economía mundial, y con Tamaulipas un gran acceso al mar. La conectividad aérea es muy buena en Tamaulipas y Nuevo León tiene un aeropuerto de clase mundial en Monterrey. Coahuila no se queda atrás, aunque el prietito en el arroz es el aeropuerto de Saltillo. La gran cantidad de sol y viento nos permite beneficiarnos ampliamente de las energías renovables. Tocaría estandarizar criterios en materia de salud, protección ambiental, política laboral y sin duda lo relativo a la seguridad. En suma, un desarrollo humano sustentable para la población.

Ir tarde tiene una ventaja, se aprende de los errores de quienes fueron antes. Nada de esto puede funcionar sin la participación de la sociedad civil y sin una institución que proteja los intereses de la región por encima de los egos políticos. El actual Gobierno Federal pone a los gobernadores de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas la posibilidad de llenar un vacío. El balón enfrente de la portería. La Alianza del Río Grande es una buena idea, es el momento, no es contra el Gobierno Federal, al contrario, sería uno de los más beneficiados.


@chuyramirezr
Jesús Ramírez Rangel
Rebasando por la Derecha