La semana pasada fui invitado a la reunión donde se firmó el convenio entre el Instituto Electoral de Coahuila (IEC) y la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade). Este acontecimiento se da en el marco del arranque por la gubernatura del estado de Coahuila. El ejemplo más discutido de adelanto de campaña que tendrá que revisar la Fepade es el de Luis Salazar Fernández, senador del PAN. También están los espectaculares de Memo Anaya y los del alcalde de Saltillo, Isidro López.

En esa reunión fui cuestionado por los representantes de los medios de comunicación que ahí se encontraban: si el siguiente año se dará la alternancia en el Estado. Creo que esta respuesta sólo la tienen los ciudadanos coahuilenses que votarán el próximo 4 de junio de 2017, día en que se llevará a cabo la elección para Gobernador, diputados locales y presidentes municipales de Coahuila.

Este interés sobre el asunto de la alternancia que muestran los comunicadores, sin duda estará en la agenda pública hasta el día de la elección. En este debate se deberán analizar también las experiencias que hemos vivido de alternancias en otros estados y en el País ¿La alternancia es condición necesaria para darle un rumbo diferente al Estado? ¿Qué abonaría la alternancia en nuestro Estado? Ya vivimos la alternancia de la presidencia de la república en el 2000, por un periodo de 12 años, y el crecimiento del País en vez de repuntar, disminuyó. Además, se agudizó el problema de la inseguridad. Podemos alegar que la alternancia política rompió algunas inercias, pero ¿se deshicieron los círculos de complicidad e impunidad?

La recuperación de la seguridad pública generada en el Estado, ¿mantendrá el ritmo con la alternancia? También en este debate habrá que preguntarse: ¿la alternancia por sí misma asegura un adecuado combate a la corrupción política, un crecimiento económico favorable a la entidad, un incremento en la creación de empleos, una mejor reconstitución del tejido social? ¿Reforzará la legitimidad de las instituciones, mejorará el fortalecimiento de las capacidades del Estado frente a la criminalidad?

También habrá que cuestionarnos ¿de los precandidatos que se mencionan, cuál de ellos asegura la continuidad del combate a la delincuencia organizada? ¿Cuál llevará el Estado a mejores niveles de seguridad? ¿Cuál aspirante asegurará una mejor promoción del empleo en las diferentes regiones del Estado? ¿Quién hará avanzar la transparencia a mejores niveles de satisfacción de los ciudadanos? ¿Quién asegurará de mejor manera el combate a la pobreza, la construcción de la infraestructura carretera, el sistema de justicia, los derechos humanos, la atención a los desaparecidos, el desarrollo de una mejora  en el sistema educativo estatal? Debatir estos temas fortalecerá la democracia.

¿Por qué los electores apostaron por la alternancia en Tamaulipas? Porque los tamaulipecos están hartos de que su entidad este sumida en la violencia criminal desde hace años. Abrigan en la alternancia, una esperanza ¿cómo fue el proceso de la alternancia en este Estado del noreste del País?  Veamos los datos: en las elecciones de 1992 el tricolor obtuvo 66.4 por ciento de los votos y la alianza PAN-PRD el 25.8 por ciento. Y en las siguientes tres elecciones los datos son: en 1998 el PRI el 54.9 por ciento frente a 26.6 por ciento de la oposición; en el 2004, 57.6 por ciento frente a 31.5 por ciento y en el 2010 se impuso por 61.5 por ciento frente a 30.8 por ciento de su rival. En este 2016 ganó el PAN. Ahora bien, el tamaño de la gravedad de los problemas que enfrenta Tamaulipas hace difícil creer que la sola llegada de un nuevo Gobernador sea la solución. La alternancia política hasta hoy no ha garantizado nada. Un buen candidato, no asegura un buen Gobernador.

El otro tema que me preguntaron fue sobre la elección interna del PRI. Si la consulta abierta a la militancia para elegir al candidato dividiría a ese partido. Les recordé que las elecciones de los últimos tres candidatos a la gubernatura del tricolor habían sido por ese método. En la elección de Enrique Martínez y Martínez, el PRI, después de su contienda interna, se unió y enfrentó a la oposición que se presentó unida y les ganó. El profesor Moreira, de los 38 municipios del Estado, sólo perdió en Torreón. El gobernador Rubén Moreira, obtuvo la más alta votación en la historia electoral de Coahuila.

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