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Para los especialistas las malas políticas ambientales en todo el mundo intervienen en fenómenos como el que devora a esta maquinaria natural

CDMX.- El fuego no discrimina. Jaguares, pirañas de vientre rojo, víboras, arañas bananeras, lagartos, ranas doradas, anacondas y hormigas gigantes, así como otras especies han sufrido sus graves estragos. A lo largo de sus casi 7 millones de kilómetros cuadrados, la Amazonia, parte central y septentrional de América del Sur que comprende la selva de la cuenca del río Amazonas, tiene el bosque tropical más grande del mundo.

Su superficie equivale a más del doble de la India, es hogar de al menos 10% de la biodiversidad del planeta. Su bioma es engrosado por 2.5 millones de especies de insectos, 2 mil 500 de peces, más de mil 500 de aves, 550 de reptiles y 500 de mamíferos, según  la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica.

La humedad natural de este ecosistema tendría que bastar como una barrera para limitar incendios de gran magnitud, pero el humano es capaz de todo. La deforestación en la zona y el incremento de las temperaturas fueron la suma perfecta para colapsar al llamado “pulmón del planeta” y la vida que habita en él.

TARDADO TENER UN DIAGNÓSTICO

La doctora María José Villanueva, directora de Conservación de WWF en México, habla del caso. “Los bosques tropicales tienen alta riqueza biológica en los que existen, por ejemplo, muchos microendemismos”. Apunta que en este sentido será tardado tener un diagnóstico preciso para reconocer el daño causado por los recientes incendios, pero agrega que ya hay cifras de especialistas que alertan sobre ecosistemas específicos.

“Alrededor de 100 jaguares se han perdido de sus grupos o están heridos. El asunto es preocupante porque la cuenca del Amazonas concentra 85% de todos los jaguares en la región”. En los últimos 100 años este animal ha perdido casi 50% de su histórico rango de distribución, pero la especialista explica que las poblaciones de la Amazonia habían sido consideradas sanas por la poca fragmentación del hábitat.

“La zona se considera un bastión importante para la especie”. Señala que en términos de la floresta se calcula que tomará unos 50 años recuperar parte de su vegetación, pues estaba poblada por árboles grandes.

Sin embargo, subraya, las pérdidas son incalculables también porque esta zona le provee al planeta servicios invaluables, como la captura de carbono. Al respecto, el doctor Gerardo Ceballos, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM, dice que estamos perdiendo la capacidad de esta gran máquina que capta dióxido de carbono, produce oxígeno y genera condiciones para un clima más propicio.

“Las plantas son los únicos seres que pueden convertir los rayos del Sol en un foco de energía listo para ser usado por otras plantas y animales”.

MONITOREO

El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales en Brasil precisa que se registraron 80 mil incendios entre el 1 de enero y el 20 de agosto de este año. Los datos son muy cercanos a los del Laboratorio de Ciencias Biosféricas en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, que monitorea el uso del suelo y los cambios ambientales. Entre enero y finales de agosto, sus satélites detectaron 100 mil “focos de fuego” en la Amazonia brasileña, el número más alto en ese periodo desde 2010. Ahí hay una base de datos global de emisiones de incendios, que rastrea las emisiones de carbono y las áreas quemadas por la actividad de incendios en todo el mundo, y estudia la vulnerabilidad y la resistencia de los bosques a la sequía, el fuego y la tala.

Ceballos explica que estas quemas provocan la concentración de gases de efecto invernadero que tienen una implicación en el clima. “Algo que también afecta en México son las cenizas, no sólo dañan de manera directa la salud de los pobladores de Sao Paulo, sino que llegan a ríos y mares”. Dice que estos nutrientes son una causa del crecimiento del sargazo en México. “Una conexión de apariencia lejana ha dejado sargazo en el Caribe, adonde llegó para quedarse”.

“Los incendios en la Amazonia han provocado la muerte de millones de seres vivos y la muy probable extinción de varias especies, algunas ni siquiera conocidas. Hablamos también del impacto a una zona donde habitan muchas tribus, incluso no contactadas por el humano occidental. Es una tragedia en términos climáticos, de biodiversidad y de cultura”.

EL MUNDO SE PRENDE

Lo que sucede en la Amazonia se conecta con una tendencia global, pues llevamos una década con fuegos atípicos. “Vemos cómo se está quemando el Congo, Indonesia, Rusia, Alaska y California. En este último lugar recientemente se perdieron 150 millones de árboles. En el Amazonas probablemente se perderán más de mil millones de árboles, pues es un lugar con mayor densidad y diversidad de especies”, dice y agrega que es evidente la forma en que estos sitios muestran cómo está relacionado el clima en todo el planeta.

No debemos olvidar que México también sufrió grandes incendios este año y debemos seguir trabajando en la prevención”. Hace un año, dice, había 30 mil chamusquines, gente de comunidades rurales preparada para combatir incendios, pero este año hubo 2 mil. “Debemos prepararnos de nuevo en esta práctica que ayuda a las comunidades más vulnerables, con recursos, con trabajo”.

NO ES ALGO NUEVO

Aunque reconoce que los fuegos en el Amazonas no son algo nuevo, lo que es muy impresionante es la escalada que han tenido en el último año. Gerardo Ceballos opina que esto es consecuencia directa del desmantelamiento de la legislación ambiental en Brasil por parte del presidente Bolsonaro.

Villanueva destaca la respuesta de la gente ante estos eventos. “La lección para México es que el pueblo va a reclamar un ambiente sano”, dice Villanueva y explica que cuando el crecimiento de la frontera agropecuaria no es sustentable, lleva a la pérdida de la biodiversidad y al empobrecimiento de las comunidades.

Alerta que un ejemplo de esto sucede en otro importante resguardo de la biodiversidad del continente: la selva maya, donde los riesgos son latentes.

Para Ceballos la fauna y flora son factores de seguridad nacional. “Si se quemaran los bosques del Nevado de Toluca no habría agua para el Valle de México”. Para él, desgraciadamente, la tendencia en todo el mundo va por decisiones contrarias a la protección de los ecosistemas.

Alrededor de 100 jaguares se han perdido de sus grupos o están heridos. El asunto es preocupante porque la cuenca del Amazonas concentra 85% de todos los jaguares en la región”.

El impacto también es económico. Según consideraciones en nuestro país, restaurar un hectárea tiene un costo aproximado de 180 mil pesos, mientras que el costo de la conservación es de 3 mil pesos”.

DATOS

MIL MILLONES de árboles ser perderán en el incendio.

10 POR CIENTO de la biodiversidad del planeta vive en la Amazonia.

Su bioma es engrosado por 2.5 millones de especies de insectos, 2 mil 500 de peces, más de mil 500 de aves, 550 de reptiles y 500 de mamíferos, según  la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica.