AMLO parece utilizar una máquina del tiempo que lo sitúa a la mitad del siglo 19. Entonces, los enemigos del pueblo eran los conservadores: centralistas, monárquicos, clericales, afrancesados. Se les tenían que oponer los liberales: republicanos, federalistas, demócratas, separatistas de la Iglesia y el Estado. México vivía entonces una guerra civil. Ahora vive una comedia política. 

AMLO piensa que actúa como si fuera efectivamente el presidente Juárez, solamente que nadie puede parecerse a don Benito. Además, el gabinete que lo auxilia no tiene nada que ver con el equipo del prócer oaxaqueño. Si las comparaciones son odiosas, éstas son deprimentes. Veamos: Ignacio Ramírez (El Nigromante) y Melchor Ocampo en Gobernación, Francisco Zarco en Relaciones Exteriores, José María Iglesias en Educación, Ignacio Zaragoza en Guerra y Marina, Guillermo Prieto y Matías Romero en Hacienda.

Entonces había más que un gran debate entre conservadores y liberales, había guerra civil. Con estas figuras, encabezadas por don Benito, el liberalismo triunfó. El liberalismo del siglo 19 dejó una ruta que los revolucionarios del siglo 20 decidieron recorrer: la disputa se daría entre revolucionarios triunfadores (la supuesta izquierda) y reaccionarios (la supuesta derecha).

El mundo es más complejo que la escueta reducción a la que se quiere llevar al país: liberal vs conservador. Como es la simplificación que utiliza el presidente. Para AMLO hay una lucha entre los ganadores, con los perdedores de 2018: los que quedaron en la oposición son conservadores.  Le gusta esa posición maniquea: en el país solo hay buenos o malos, liberales o conservadores, ustedes o nosotros. Cuando fallan las razones, se esgrime el argumento de que los conservadores son opositores, por eso están equivocados y por si eso fuera poco, también son enemigos del pueblo. 

Para AMLO, igual de conservador es un periódico como Reforma que ha tenido y tiene voces y plumas lúcidas, progresistas, que han enriquecido el debate, como son conservadores los nuevos científicos del siglo 21: los expertos en alguna materia, los investigadores en su cómodo cubículo, los "profesores que ganan mucho", los ministros de la Suprema Corte que resuelven en contra de los intereses del gobierno. Todos son opositores, por tanto conservadores.

Nada cancela la posibilidad de un debate productivo como es el insulto al interlocutor. Con una mentada, el diálogo se convierte en violencia: quien injuria más fuerte, con mayor elocuencia se asume  vencedor. Cuando el presidente pierde la paciencia sabe que una descalificación suya, como aludir que el opositor es conservador, gana el debate. No es así.

Un país tan complejo como México requiere la participación y hasta el enfrentamiento civilizado entre las distintas maneras de abordar la cuestión pública, la política, la economía, la moral, la historia, la religión. No hubiera habido verdadero liberalismo mexicano sin las voces de Lucas Alamán, Teodosio Lares y hasta Maximiliano de Habsburgo; sin la lucha de Manuel Larráinzar, Nicolás Bravo o Sóstenes Rocha, todos estos conservadores. 

Es muy difícil calificar quién es conservador y quién liberal. En Inglaterra, donde no se avergüenzan de ser conservadores, existe un ala izquierda de los torys (Partido Conservador), como en Estados Unidos donde hay republicanos —pocos— con ideas liberales. No se diga algunos miembros del Partido Demócrata, que actúan hipócritamente como los conservadores más recalcitrantes.

El presidente se vanagloria de ser de izquierda. Se dice a sí mismo progresista, se muestra anticonservador, liberal y enemigo del neoliberalismo. No obstante, no siempre está a la vanguardia ideológica. No quiere saber nada del aborto, rehúye el tema, ni del matrimonio igualitario, se esconde de homosexuales y lesbianas. Ha declarado, por ejemplo, que el divorcio es "uno de los frutos prohibidos del periodo neoliberal". Niega las bases que sentó don Benito al considerar nulo el matrimonio religioso y establecerlo como un contrato civil.

El conservadurismo no es solamente una ideología sino un temperamento y por ello la pregunta: ¿Será AMLO conservador?