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En los últimos días, se han escrito desde numerosos aspectos y diversas ópticas en como va repercutir _y lo está_ la pandemia del coronavirus. A pesar de sus mañaneras, y de la información que ha difundido durante todos los días la Secretaría de Salud del gobierno federal, considero que la administración federal, ha sido escurridiza en cuanto a una orden que baje escalonadamente hacia todo el país sobre que no y que sí debe hacer.

Ha sido tendencia el video de AMLO en donde opina que la gente debe de salir a las calles sin ningún tipo de protección, se hizo viral el amuleto protector del presidente que saco en una de sus conferencias para poder hacer frente al COVID-19, se cancela con el apoyo popular una industria en Mexicali de una forma “misteriosa”, utilizando formas legales que aún tenemos en pañales. El precio de la gasolina no bajo por decreto presidencial sino por fluctuaciones entre los precios del hidrocarburo debido a la sobreproducción que existe gracias a dos naciones que producen más petróleo que nosotros.

A los comunicadores -y a muchas plumas importantes- no les ha quedado claro que el presidente les marca la agenda y muchos, se van como mancebos buscando su premio; pero además considero que es parte del estira-afloja de la política para contener muchas acciones ya hechas costumbre en nuestra sociedad y que a los ricos -que más pierden- patalean y a la clase media en ascenso fustiga.

En fin, hasta hace unos días, no había acciones en firme sino implementación de gestas que iban por la tangente, pero quede acuerdo a un señalamiento del 21 de marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que México viene haciendo las cosas correctamente. El Protocolo que aplica es el correcto. Añadió que en México se están haciendo cosas relativas a la fase 2 aún estando en la fase 1… (Periódico El País).

Pese a ello, los alarmistas y los que utilizan la información a su conveniencia insisten en paros totales, reducción de contactos físicos en humanos, cierre de fronteras, pruebas masivas, a sabiendas del costo económico demoledor que puede resultar.

Menos que ayer, pero el Presidente rompe diariamente los protocolos de distanciamiento social; sus colegas dicen que no hay que alarmarse y que es información tendenciosa, ocultan la realidad, pero esa misma dice día a día todo lo contrario. En lo particular, no me gustaría ver en mi país reflejado los casos de Italia y España en donde el gobierno toma ya, decisiones pragmáticas terribles: atender sólo a aquellos pacientes con probabilidades de sobrevivir y los Estados Unidos ya piensan lo mismo, ante la posibilidad de que se desborde su sistema de salud.

Al menos el martes, el presidente presentó el plan del gobierno federal contra la fase 2 del coronavirus en México, en las que se incluye la jornada nacional de sana distancia_acciones que ya operaban en muchos estados como Coahuila_; además, las Fuerzas Armadas activaron la etapa preventiva tanto del Plan Marina como del Plan DN-III-E para atender la pandemia. La SEDENA dio a conocer sus capacidades, apoyos y recursos con los que cuenta para reforzar el Sistema Nacional de Salud. Por otro lado, el Secretario de Hacienda y Crédito Público anunció un apoyo adicional por cerca de 4 mil millones de pesos a la SEDENA y cerca de 500 millones a la Marina.

El presidente abrazador ya no lo es, temporalmente no será el hombre cálido, en contraste con los fríos tecnócratas. Sin embargo, la idea de solidaridad social es necesaria para combatir esto. Nuestro país tiene mucho a favor en contra del coronavirus, nuestras redes familiares son fuertes y la solidaridad es inmensa, baste recordar el terremoto del 2017 en la CDMX. 

La fortaleza del liderazgo del presidente la debe usar para reducir al máximo la pandemia. Se encuentra ante una prueba más grande que presidentes anteriores y el fracaso podría ser demasiado doloroso para todo el país.