La gente votó por AMLO fue por su promesa de reducir la desigualdad... Una promesa que no podrá cumplir si sigue confundiendo la economía con la moral

Se veía venir, pero aun así el dato cayó como agua helada en el Gobierno Federal: el PIB de México decreció 0.2 por ciento en el primer trimestre de 2019 con respecto al periodo anterior.

El dato trimestral confirmó lo que el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), José Ángel Gurría, vino a decirle a las autoridades mexicanas esta semana: el crecimiento económico de nuestro País se desacelera y aspiramos a cifras muy magras para 2019 y 2020, apenas 1.6 por ciento y 2 por ciento, respectivamente.

El presidente López Obrador lo descalificó desde Monterrey: “Gurría no tiene autoridad moral porque formó parte de los gobiernos que dejaron al País en bancarrota”.

Para lograr la meta de 6 por ciento considerada en el Plan Nacional de Desarrollo, hay que hacer muchas cosas más. El Estudio Económico para México 2019 es el documento en el que la OCDE basa sus afirmaciones y usted puede consultarlo aquí: http://www.oecd.org/economy/mexico-economic-snapshot/

De acuerdo con Sonia Araujo y Lisa Meehan, los principales hallazgos del estudio son:

El mantenimiento de la estabilidad macroeconómica es clave para un ajuste suave a los choques, en un contexto de una mayor incertidumbre y para brindar confianza a los agentes económicos en el mediano plazo.

La implementación de una estrategia integral para impulsar la productividad y la inclusión requiere de la implementación de un paquete integrado de reformas en varias áreas, ya que existen complementariedades importantes en las medidas de política económica.

Aumentar la equidad y brindar oportunidades para todos –incluidas las mujeres, las poblaciones indígenas y las regiones rezagadas– deben ser elementos integrales de la agenda de la reforma para resolver las enormes disparidades de México en materia de dinamismo económico, pobreza y bienestar.

Es decir, la macroeconomía marcha bien en lo general: hay disciplina fiscal, una inflación controlada y una política monetaria que la OCDE califica de restrictiva, pero “apropiada”. Una estabilidad que, por cierto, le fue heredada al actual gobierno.

El problema está en la microeconomía. Los grandes indicadores económicos no se traducen en un mayor ingreso y una mejoría en los niveles de vida de la mayoría de los mexicanos. El PIB per capita de México es el más bajo de la OCDE y se explica sobre todo en que desde el año 2000 nuestra productividad ha venido a la baja (ver gráfica).

Nuestro crecimiento moderado se genera más por el bono demográfico del que gozamos, que por una verdadera política económica para fomentar el desarrollo.

Por eso las recomendaciones de la OCDE son precisas: México necesita mantener su estabilidad macroeconómica y usarla como base para apuntalar reformas que permitan fortalecer nuestras instituciones políticas y económicas, elevar la inversión (pública y privada) y garantizar un crecimiento que incluya, sobre todo, a mujeres, indígenas y niños en situación vulnerable.

No hay atajos para construir desarrollo y prosperidad. Es necesario diseñar e implementar políticas públicas para fortalecer el estado de derecho (seguridad y justicia) y generar condiciones para que los inversionistas le apuesten al País. En esa tarea, el discurso del Presidente es fundamental para construir confianza.

Por eso no ayuda en nada que el presidente López Obrador reniegue de los datos económicos que no le son favorables y, en lugar de atender las recomendaciones para corregir el rumbo, descalifique al mensajero como lo hizo con Gurría y lo hace con todo aquel que disiente de él.

Vale recordar que una de las razones principales por las que la gente votó por AMLO fue por su promesa de reducir la desigualdad bajo el lema de “primero los pobres”. Una promesa que no podrá cumplir si sigue confundiendo la economía con la moral.