No suspender sus mañaneras ni giras -sus instrumentos de campaña-, aunque debería hacerlo para respetar la Constitución y la ley en cuanto inicie el proceso electoral, esa es la estrategia de López Obrador para impedir de la debacle de su partido en las urnas en 2021. Y para lograrlo violará sistemáticamente reglas cuya existencia demandó apenas ayer

En la entrega anterior iniciamos aquí el abordaje del tema con el cual titulamos esta serie de artículos y dijimos cómo, en consonancia con su naturaleza autocrática y sus sueños dictatoriales, Andrés Manuel López Orador se dispone a perpetrar un “fraude electoral” el año próximo.

Como se sabe, en 2021 habrán de celebrarse comicios en todo el País. Además de elegir a quienes integrarán la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, se renovarán 15 gubernaturas, así como 30 congresos locales y 1 mil 926 ayuntamientos.

La elección más importante para López Obrador es, desde luego, la del Congreso de la Unión. No le importan menos los congresos estatales o las gubernaturas, pero perder la mayoría en la cámara baja le restaría el margen de maniobra del cual ha gozado ahora y le ha permitido abusar groseramente del ejercicio del poder.

Con independencia de la importancia personal de los puestos públicos en juego, el Iluminado de Macuspana tiene muy clara una cosa: sin él en la boleta, Morena, “su” partido –porque es de él, no de quienes lo integran– es una entelequia, una ficción, una mala broma.

Por eso justamente modificó tramposamente –muy a su estilo–, una de sus promesas de campaña: someterse a la evaluación de los ciudadanos cada dos años para decidir su permanencia en el poder. En lugar de este ofrecimiento, cuando mandó la iniciativa respectiva al Poder Legislativo planteó hacerlo a los tres años, es decir, coincidiendo con la elección intermedia.

El Mesías Tropical quería estar en la boleta del año próximo, no para garantizar a los ciudadanos el derecho a rectificar sus decisiones electorales, sino para salvar a su partido de la debacle. Fracasó en el intento y por ello, si se hace, la consulta de revocación será en 2022.

Pero justamente porque tiene clara la posibilidad del desplome de Morena, en abril pasado, cuando llevaba semanas cayendo en las encuestas de aprobación, López Obrador propuso “adelantar” el ejercicio de revocación. Pero nadie le entró al jueguito perverso de nuestro Presidente Totalmente Palacio.

El dilema, sin embargo, sigue ahí: ¿cómo le hace AMLO para meterse a las elecciones y remolcar a los impresentables y/o desconocidos integrantes de la variopinta fauna de su partido? ¿Cómo le hace para convertir la elección en una discusión cuyo centro sea él?

Fiel a su estilo de político tramposo, el Presidente ha decidido sembrar una idea no solamente falsa, sino contraria a todo aquello por lo cual dice haber luchado desde la oposición hasta hace muy poco: él –y sólo él– puede garantizar la limpieza del proceso electoral del año próximo.

¿Cuáles son sus pretensiones? La primera de ellas es una bastante simple: no interrumpir sus “mañaneras”, ni sus giras por el País, aunque su gobierno elimine todos los promocionales de los programas sociales de los medios tradicionales y los digitales, en “cumplimiento” de la ley.

“Me quieren callar para dejarle todo el espacio a los conservadores e impedir al pueblo votar libremente”… o alguna estupidez del estilo soltará en el momento oportuno para conseguir su propósito: colocarse en el centro de la contienda electoral y ayudar con ello a sus candidatos.

Una cosa puede adelantarse, desde ahora, a partir de la estrategia desplegada por mister Yo Siempre Tengo Otros Datos: López Obrador va a romper todos los récords de denuncias en contra de cualquier presidente de México por intromisión en las elecciones.

La segunda pretensión relevante del líder de la transformación de cuarta es preparar el terreno para, en caso necesario, gritar “fraude” allí donde pierdan sus acólitos, un grito al cual se dotará de credibilidad por medio de la campaña ya iniciada, según la cual, a pesar de su iluminadora presencia en el Presidencia, aún es posible el “fraude electoral” en México.

¿Dónde quedaron sus reiterados llamados del pasado reciente en los cuales pedía, demandaba, exigía, a presidentes y gobernadores “sacar las manos de las elecciones” y “dejar al pueblo votar libremente”?

En donde terminan todos los discursos de los demagogos y políticos bananeros de su calaña: en el bote de la basura. No importa si bastan unos cuantos segundos para encontrar en internet miles de notas periodísticas, así como publicaciones suyas en las “benditas redes sociales” consignando su reclamo de mantener a los gobernantes fuera de las elecciones.

Porque, como ocurre con todos los políticos de corte mesiánico, a ellos les es dable incurrir exactamente en las mismas conductas criticadas en otros, porque ellos están dotados de una superioridad moral desde la cual, aunque el acto sea el mismo, debe calificarse de forma diametralmente opuesta.

Tiene razón el Presidente cuando advierte sobre la posibilidad de atestiguar una estrategia para pervertir el resultado electoral de 2021. Pero, a diferencia del pasado por él protagonizado siendo opositor, el peligro lo representa justamente la falta de vocación democrática de quien ocupa la Silla del Águila… porque el villano de esta historia es él.

Seguiremos en el tema…

¡Feliz fin de semana!

@sibaja3

carredondo@vanguardia.com.mx

Carlos Arredondo Sibaja

Columna: Portal 

Periodista con más de 30 años de experiencia en medios de comunicación impresos y electrónicos. Ingeniero Industrial y de Sistemas por la Universidad Autónoma de Coahuila y Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México. Además, es máster en Administración y Alta Dirección por la Universidad Iberoamericana y tiene estudios concluidos de maestría en Derechos Humanos en la Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC. Se ha desarrollado profesionalmente en el servicio público, la academia y el periodismo. Integrante de la Comisión de Selección del CPC, del Sistema Anticorrupción de Coahuila.