Sistema político/sistema mediático. La tolerancia cero a la menor crítica en los medios por parte de la maquinaria de comunicación en redes del Presidente electo mexicano, alcanzó esta semana límites de humor involuntario, a propósito de una portada de la revista Proceso. Al mismo tiempo, hizo estallar el termómetro de las preocupaciones y alertas sobre el destino de las libertades informativas y de opinión en el futuro inmediato de nuestro País. Pero también trazó un llamativo paralelismo con el Estados Unidos de Donald Trump. Por un carril corren los momentos críticos que se avecinan en la relación del sistema mediático y el sistema político en el “cambio de régimen” anunciado por el próximo presidente de México. Y, en el otro, las tensiones que se extendieron de los medios críticos a los aliados en su relación con Trump, esta misma semana.

El enfrentamiento en ambos países de esos dos sistemas clave de la democracia, es otro signo de estos tiempos de gobernantes antidemocráticos surgidos de elecciones democráticas. Por un lado, en México aparece la inusitada aplicación a Andrés Manuel López Obrador del mismo trato que Proceso suele darle en su portada a los exponentes del PRI o el PAN, algo que hasta hoy no había ocurrido, frente a la imagen inesperada; del otro lado, de la salida del aire decidida por Fox News del racista video publicitario antimigrantes de Trump, aplicando así la misma medida resuelta por NBC, Facebook y CNN, a los que la cadena del imperio Murdoch suele combatir.

Esto ha confundido a observadores aquí y allá porque, tanto el semanario mexicano como la cadena de televisión de la ultra derecha estadounidense han sido considerados por años como cajas de resonancia en defensa y promoción de los proyectos respectivos de uno y otro político (Trump y AMLO) en sus campañas y desplantes. En este sentido, Proceso y Fox News podrían inscribirse en la línea del clientelismo político de la prensa estudiado por Daniel Hallin, un modelo arraigado abiertamente en la Europa mediterránea y en América Latina, aunque no extraño en Estados Unidos. Por ello no debería asombrar el desconcierto de las respectivas clientelas políticas cultivadas por ambos medios, al no recibir el producto informativo esperado y tácitamente concertado con ellas por ambos establecimientos noticiosos en su relación clientelar.

Trump. Pero tampoco debería sorprender que en México la portada de un semanario haya ocupado la agenda de otros medios, ya que el hecho tenía un atractivo valor noticioso: el de lo inusitado o sorpresivo. De la misma manera se explica que el Times haya colocado en su primera plana del lunes la cabeza: “Incluso Fox News suspende el anuncio que estaba al aire de la caravana de Trump, criticada como racista”. (“Even Fox News Stops Running Trump Caravan Ad Criticized as Racist”).

Los cambios súbitos de estos dos medios no suponen por supuesto conversiones milagrosas. Más bien se deberían a puntuales lecturas de sus mercados de lectores y audiencias. La rabiosa campaña de Trump contra la marcha de migrantes centroamericanos rebasó todos los límites de la inmoralidad y la indecencia. El desprecio humillante, racista contra un grupo de personas y sus órdenes de disparar contra masas inermes de seres humanos, movió en contra incluso a un sector de sus votantes conservadores. Y la cadena de televisión pareció verse obligada a evitar ofender a sus propias audiencias con la obscenidad de la nueva publicidad de Trump.

AMLO. A su vez, el semanario fundado por Julio Scherer leyó bien el riesgo de verse convertido en el vocero de los mensajes de control de daños de la maquinaria de comunicación de AMLO, con la consecuente entrega de sus audiencias críticas a la competencia empeñada en exhibir los dislates del nuevo poder hegemónico. Lástima que el próximo presidente reaccionó con el lamento de que la revista “sacó una foto… donde aparezco decrépito”, y con la acusación a sus críticos de que “actúan por consigna y no hacen periodismo, al servicio de intereses creados”.