“Sin presumir, soy el Presidente más atacado en los últimos cien años”. Así lo dijo Andrés Manuel López Obrador, presidente de Morena que no de los mexicanos, el pasado jueves 16 de julio en su soporífera conferencia matutina. El cacique de Macuspana se equivoca. Aún y contra todo pronóstico, el villano favorito de los mexicanos sigue siendo Enrique Peña Nieto. Con la llegada del delator Emilio Lozoya de Europa, su cabeza puede estar servida en charola de plata. La presunción de AMLO es un narcicismo enfermizo, patológico, ruin y miserable. Onán en el espejo de Palacio Nacional.  

Mientras usted lee estas letras, varios casos acaparan la atención pública; ojo, acaparan la atención, pero es mejor definir como: desvían la atención y reflectores de lo de verdad importante para todos. Voy a tratar de explicarme en este corto espacio, aunque luego regresaremos al tema en dos o tres vertederos. El narcicismo exacerbado, sus comparaciones con Jesucristo (se cree un iluminado) y demás personajes bíblicos (seguido, “baja” de su oficina y sube a YouTube decálogos, leyes, códigos, recomendaciones; sí, igual que Moisés), su protagonismo despiadado y su poder absoluto (injuria, somete, amenaza, denigra, señala, juzga, sentencia) emparientan a AMLO más con la locura y poco o nada con el verdadero anhelo de los mexicanos: un país con justicia, una patria ordenada y con derroteros claros, un pueblo fuerte y pujante y una sociedad libre y feliz.

Más que justicia (que se necesita y urge), en AMLO se ve sed de venganza. Insisto, mientras usted lee estas letras, surgen filtraciones, trascendidos y señalamientos hacia cualquier personaje político a los cuales AMLO considera miembros de la “mafia en el poder”. Tres pistas para un circo: el ex director de Pemex, Emilio Lozoya y su pacto con los policías de AMLO para ser delator y aminorar así su posible condena y la de su familia. Segunda pista del circo para entretener a las masas: el juicio a César Duarte, ex gobernador de Chihuahua, a quien se le detuvo en Estados Unidos, específicamente en Miami, Florida. Duarte es dueño de una fortuna incontable y al parecer, desvió dinero a campañas del PRI cuando justo era el Gobernador de Chihuahua. Y lo anterior puede ser cierto, pero lo habrá de dictaminar un Juez, no juzgarlo a la ligera como lo hace AMLO en sus conferencias de pecado y condena. El tercer espectáculo es el fin de la “verdad histórica” de la muerte de los muchachos de Ayotzinapa. Declaración de Alejandro Gertz Manero.

“Algo querías contar; no hurgues en la amargura”. Se espeta en un diálogo en ese poema proteico de Johann Goethe llamado “Fausto”. López Obrador busca en la amargura porque sabe bien a dónde va y lo que busca: antes de los juicios, AMLO dicta sin demora el castigo: culpables. El último implicado ahora, es Miguel Ángel Osorio Chong. 

ESQUINA-BAJAN

Y claro, busca polarizar, dividir aún más a la sociedad con esos juegos de pocas ideas, lo cual espeta diario: buenos contra malos, conserva dores contra liberales, corruptos contra honestos… una visión maniquea y pedestre de la compleja realidad nacional y mundial. Los tres casos son duros y debe de llegarse a las últimas consecuencias en ellos y en tantos otros que duermen el sueño de los legajos en la anquilosada justicia mexicana. Pero igual de importante es atender y encontrar culpables en los 18 asesinatos de periodistas que han sucedido en apenas 20 meses de López Obrador al frente del país. Ni culpables ni investigación activa.

Tres casos para entretener a las masas y poner en la picota pública a los personajes políticos de ayer. Pero ¿hoy? Lea lo siguiente: “Un hombre con escolaridad básica o sin estudios, mayor a los 40 años y que no tiene un trabajo remunerado”. Lo anterior es el perfil de los muertos, una inmensidad (miles, nos acercamos a la cifra de 45 mil muertos ya, puf) de mexicanos muertos por la pandemia en el país, según un estudio de la UNAM liderado por el investigador Héctor Hiram Hernández.

Y en las letras anteriores he insistido mucho tiempo si usted me ha leído con frecuencia señor lector. Somos un país de pobres ahora con cartilla/beca de dinero regalado por AMLO en su cuota de programas sociales (votos cautivos), somos un país de analfabetas e ignorantes (ahora ya sin escuelas, cosa que a nadie preocupa. Todo mundo lo ha aceptado calladamente) y vamos camino al precipicio. ¿Clases en línea? El Centro de Estudios Sociológicos del Colegio de México ha advertido que eso de “Aprende en casa”, no garantiza el aprendizaje curricular y podría provocar rezagos y abandono escolar en los sectores más desfavorables. En su momento y cuando la pandemia bramaba en las escuelas (hoy ya el bicho está sin control alguno, aunque las “clases” han terminado), la SEP federal presumía de un registro de 457 mil 455 usuarios en eso llamado “classroom” y la entrega de poco más de 11 millones de cuentas a estudiantes en 19 Estados y para Conafe. Nada, comparado con el universo de 1.2 millones de maestros y directivos y más de 24 millones de estudiantes, sólo en la SEP.

Mientras AMLO pacta con Lozoya para que delate a sus cómplices (un Juez debe de decidir si son culpables), su gobierno manda a los estados de tierra adentro, 20 mil millones de “apoyo”. A Coahuila (gobierna Miguel Ángel Riquelme) le tocan 474 millones de pesos. No son un regalo señor lector, no. A Coahuila le deben partidas presupuestarias por el orden de los mil millones de pesos. Así de sencillo. Es dinero nuestro, no una canonjía. 

LETRAS MINÚSCULAS

Para el 1 de noviembre próximo, se calcula que ya habrá en el país más de 100 mil muertes por COVID-19. AMLO dice una y otra vez que la pandemia “está domada.” Mientras tanto, a desviar la atención pública…