He tratado de evitar la comparación entre Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador. Es atractiva, despierta la polémica, obliga a la reflexión, pero también me parece efectista, medio simplona y tampoco se trata de caer en campañitas de descalificación automáticas.

Sin embargo, después del discurso de toma de posesión del nuevo Presidente de Estados Unidos, el debate se ha reavivado porque muchas de las frases que dijo empatan con las que por años ha enunciado el aspirante presidencial mexicano.

Hoy por hoy, López Obrador es el único que ya calificó a la “final” del 2018. La pregunta es contra quién va a competir. El líder de Morena tiene una enorme capacidad de subir en el ánimo popular. Lo ha demostrado de nuevo. Pero también tiene una enorme capacidad de boicotearse a sí mismo. Suma con la misma facilidad con la que resta y hasta ahora en dos ocasiones él mismo ha sido su principal obstáculo para llegar a Los Pinos.

Va por la tercera. Por eso debe ser cuidadoso en proteger sus puntos débiles. No andar soltando ideas de políticas públicas (particularmente de economía) que suenen a crisis, evitar ser asociado con la violencia (como sucedió durante los recientes saqueos tras el gasolinazo) y combatir la percepción de que él es el Trump mexicano.

Creo que hay similitudes, sin duda. Los discursos de Trump y AMLO son música para los oídos de la población enojada con la realidad y sus gobiernos. Los dos se pronuncian en contra del sistema, pero durante sus vidas han sido beneficiarios de él. Consideran a sus rivales políticos mafiosos despreciables y a los medios de comunicación que los critican deshonestos. Son intolerantes al pensamiento distinto y polarizan. Muchos de sus colaboradores son francamente impresentables. Sus planteamientos son nacionalistas y apuestan más por el mesianismo de una sola persona (ellos mismos) capaz de limpiar la casa que por la construcción de instituciones ciudadanas que resuelvan el problema a largo plazo.

Pero hay también diferencias notables: López Obrador es un político profesional, no es multimillonario y tiene experiencia de gobierno durante cinco años en la Ciudad de México en los que no sucedió ninguna catástrofe. Es posible que en función del desempeño y la imagen que vaya teniendo Donald Trump ante los mexicanos, los rivales de López Obrador estén interesados en mostrarlo igual al tabasqueño. Sucedió ya con Hugo Chávez durante la contienda presidencial de 2006. Y les dio resultados. El jefe de Morena tendrá que ser lo suficientemente sagaz para dejar de sonar y parecer a quien es hoy el enemigo número uno de México si quiere conquistar la Presidencia de México.

SACIAMORBOS

El Gobierno de Miguel Ángel Yunes en Veracruz encontró 12 quimioterapias falsas más para robustecer su acusación contra sus antecesores Javier Duarte y Fidel Herrera (antes tenía una y por eso le contestaron que su acusación era débil). Hoy irá al Congreso Federal el Fiscal veracruzano para solicitar el desafuero de Tarek Abdala, extesorero de Duarte y hoy diputado federal.