El miedo y la xenofobia primero se dejaron ver en Tijuana luego en el Bajío; en Piedras Negras y Saltillo sacan la oreja cada vez más. Esta semana se hicieron presentes en Chiapas.

Cada vez más mexicanos expresan con crudeza su miedo a lo desconocido, a lo diferente que consideran ajeno, a lo que miran como amenaza a su zona de confort: los migrantes pobres que, procedentes de Centroamérica, el Caribe o África, intentan llegar a Estados Unidos. Son pobres que arriesgan la vida en su huida, porque si no hacen nada la perderían en su patria.

“‘Es urgente que el Gobierno Federal frene la llegada de migrantes a esta región, sobre todo porque –coincidentemente– se han incrementado los niveles de inseguridad, además de las enfermedades virales y mortales que portan’, señaló el presidente del Frente Cívico Popular del Soconusco, Pedro Pablo Scott Ramos. Reconoció que en esos flujos migratorios también llegan bandas de delincuentes que, sin duda alguna, buscarán hacer de Tapachula su centro de operaciones delincuenciales y transformar la inseguridad en un problema grave”. Así reza la nota en redes sociales atribuida a Luis Octavio Jiménez, bajo el título: Basta de “frontera abierta”; migrantes traen enfermedades, pobreza y marginación.

Evidentemente este mensaje repleto de prejuicios repite el discurso de miedo que ha dado a Donald Trump su sólida base de votantes duros. Los políticos manejan el miedo como un arma y la dirigen contra diversos objetivos, esta vez apuntan contra los migrantes que personifican la “amenaza a nuestro confort”.

El gobierno de México ya no está en campaña electoral, pero parece que su política migratoria está buscando, ante todo, complacer al presidente de Estados Unidos. La redadas para detener a migrantes indocumentados, que vemos en los medios, no acontecen en los campos agrícolas de California ni en los restaurantes de Chicago o Nueva York, los agentes no pertenecen al temido ICE; son agentes del Instituto Nacional de Migración los que están deteniendo niños, mujeres y uno que otro varón. Imaginen el escándalo mediático que se habría armado si lo que estamos viendo en estos días hubiera sucedido en los sexenios anteriores.

Está aflorando un México que no conocíamos o que nos resistíamos a reconocer, profundamente egoísta, encerrado en su pequeño caparazón de confort, que se niega a mirar más allá.

Contrastan las palabras y obras de algunos héroes que, aquí y allá, abandonan su zona de comodidad y abren sus brazos a la migración. El padre Solalinde lo hace de maravilla –cuando no está grillando o defendiendo al Presidente–, el padre Pedro Pantoja, la madre Lupita en Saltillo y las personas que los apoyan, las “Patronas” y muchos más. No así el Gobierno que prefiere obedecer a ciegas a la Casa Blanca; abandona la posibilidad de diseñar estrategias inteligentes, innovadoras, soberanas y actúa a través de los agentes de siempre que en el sur del País han protagonizado historias de terror mucho más crueles que las que vemos en películas y series televisivas, o que analizan libros o artículos periodísticos.

¿Confiaría su hijo a un policía? Contéstese usted mismo. Yo no sé si lo haría. Existen buenos policías aunque la enorme mayoría carezca de formación para tan delicado oficio. Pero eso sí, no tengo la menor duda, jamás confiaría un hijo mío a un agente de migración en el sur del País. Se trata de una corporación controlada por los peores intereses y que ningún gobierno en México ha podido meter en cintura.

Hombres, mujeres, jóvenes y niños procedentes de Centroamérica tienen que cruzar a través de esa perversa maraña de intereses, encarnada en este cuerpo del INM. A ese México, brutal y despiadado, vienen los migrantes centroamericanos, muchísimo peor que el que recibe a nuestros paisanos en Estados Unidos.

Xenofobia, odio y miedo de algunos, buena conciencia e ignorancia de los más, un puñado de héroes sacando la casta por los migrantes, y brutalidad persecutoria de las autoridades migratorias mexicanas. “Los mexicanos no somos racistas”, quieren creer algunos, quizá sea clasismo puro, otra forma de racismo, hipocresía que debiera avergonzarnos.

@chuyramirezr

Facebook: Chuy Ramírez Jesús