El Quijote II, 48

Don Quijote está una noche en su aposento en el castillo de los Duques sin poder conciliar el sueño, concentrado su pensamiento en la hermosura de su amada señora Dulcinea del Toboso, cuando siente que alguien abre la habitación y entra en ella.

Al principio piensa que es Altisidora. Esta mujer, por indicación de los Duques y para burlarse del pobre caballero andante, le hace creer que está profundamente enamorada de él. Sin embargo, la que entra en la habitación no es ella sino la dueña doña Rodríguez. Don Quijote le pregunta si va “a hacer alguna tercería”, es decir, a llevarle recado amoroso a nombre de Altisidora, y le responde que no, sino que le va a contar sus cuitas a él como “remediador de todas las (cuitas) del mundo”.

Entonces a don Quijote “le sobrevienen mil pensamientos”. Entre otros, “ponerse en peligro de romper a su señora la fe prometida, y decíase a sí mismo: ¿Quién sabe si el diablo, que es sutil y mañoso, querrá engañarme ahora con una dueña, lo que no ha podido (seducirlo) con Emperatrices, Reinas, Duquesas, Marquesas ni Condesas? Que yo he oído decir muchas veces y a muchos discretos, que si él (el diablo) puede, ANTES  OS DARÁ ROMA QUE AGUILEÑA, ¿y quién sabe si esta soledad, esta ocasión y este silencio despertará mis deseos, que duermen, y harán que al cabo de mis años venga a caer donde nunca he tropezado?”

Cuando afirma don Quijote que ha oído decir muchas veces y a numerosas personas de buen juicio que el diablo “antes os la dará roma (chata) que aguileña” (de nariz corva), lo que quiere dar a entender es que está en riesgo de ser seducido por una simple dueña cuando, según él, no lo fue por emperatrices, reinas, duquesas, marquesas ni condesas.

@jagarciavilla