El Quijote II, 17

Van por el camino don Quijote, Sancho Panza y don Diego de Miranda, el Caballero del Verde Gabán, cuando avistan un carro que en sentido contrario viene. Trae enjaulada una pareja de fieros leones africanos, hembra y macho, que el general de Orán envía como presente al rey de España. Don Quijote ordena al leonero que abra la jaula para que los animales salgan y enfrentarlos. Aun le manda que al primero “le diese de palos y le irritase para echarle fuera”.

Cuando la aventura concluye, luego de llegar al extremo de una jamás vista locura, en respuesta al comentario que al efecto hace don Diego de Miranda, expone don Quijote una interesante reflexión sobre la cobardía, la valentía y la temeridad.

Dice el caballero manchego que la valentía “es una virtud que está puesta entre dos extremos viciosos, como son la cobardía y la temeridad; pero menos mal será que el que es valiente toque y suba un punto de temerario que no baje y toque en el punto de cobarde… (que) en esto de acometer aventuras… ANTES SE HA DE PERDER POR CARTAS DE MÁS QUE DE MENOS, porque mejor suena en las orejas de los que lo oyen “el tal caballero es temerario y atrevido” que no “el tal caballero es tímido y cobarde”.

Para don Quijote, entre los extremos viciosos de la cobardía y la temeridad es mejor para el valiente ser temerario que cobarde. “Antes se ha de perder por cartas de más que de menos”.