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Por: Élmer Mendoza

Con La vaga ambición, cuyas virtudes, aparte de la fina escritura, van de lo trágico y desgarrador al humor más ácido e impío que un escritor pueda generar, Antonio Ortuño (Jalisco, 1976) consiguió el V premio Ribera del Duero, otorgado por un jurado de lujo, nada menos que Almudena Grandes, Juan Bonilla y Sara Mesa. El libro consta de seis cuentos de los que realmente, si usted es de esos lectores de criterios extremos, le costará elegir el mejor. 

Quiero decir el más intenso y revelador; porque desde el primero, “Un trago de aceite”, se topará con que el arte de contar lo íntimo genera atmósferas fascinantes que no se le dan a cualquiera. Y no le adelanto lo que experimentará cuando esté en “La batalla de Hastings”, que es el último de un libro que no querrá cerrar.

Leemos para que se inflame una antorcha (...) Envejecer también es una muerte violenta”.
Antonio Ortuño

Ortuño es un narrador agresivo que en sus cuentos no da cuartel al lector. Sabe cómo tocar las fibras más sensibles y lo practica. En La vaga ambición la construcción de los relatos es perfecta. Su narrador, Arturo Murray, construye un mundo que a cada momento se cae a pedazos. Es un libro que gira alrededor de momentos específicos en la vida de un narrador que no es novela. Cada relato es una parte cardiaca de la vida de un escritor funambulista que jamás las tiene todas consigo. 


La vaga ambición
Antonio Ortuño
Páginas de espuma
España 2017