Ya no hacen los anuncios de la radio como los hacían antes.

Con la memoria y el corazón reclinados en el muelle sillón de la nostalgia el Cronista recuerda algunos comerciales de otros tiempos en cuya letra y música había ingenio, imaginación y originalidad.

Estaban los tomatitos
muy contentitos,
cuando llegó el verdugo
a hacerlos jugo.
“¡Qué me importa la muerte
-dicen a coro-,
si muero con decoro
en las botellas de El Fuerte!”.

En la KS benemérita los locutores nos deleitábamos con aquel marcial himno cantado por una poderosa voz de bajo o de barítono:

¡Que no le falten
los serranitos!...

Sólo por el placer de oírlo tocábamos una y otra vez el gigantesco disco de 78 revoluciones de aquel que fue uno de los primeros jingles que en Saltillo se escucharon.
Y ¿qué decir de los anuncios de cerveza?

Sería belleza suma
volverse pato y nadar,
si estuviera hecho el mar
de Cerveza Moctezuma.

Mucha fuerza de creación había entonces. Don Alonso Sordo Noriega hizo la publicidad de los Laboratorios Pharmakón de Ramos Arizpe, y puso a todo México a buscar el imaginario tesoro de Máximo Gris con la sola guía de una clave sibilina y misteriosa:

Izquierda, canillas, canto.
El tesoro existe, y es cuantioso.

Cuando algún Presidente de la República inició una campaña para aumentar la población de México -¡qué tiempos tan otros aquellos otros tiempos!- los mexicanos fueron convocados a trabajar incansablemente, sin doblegarse nunca, en tareas de multiplicación. “Hacer hijos es hacer Patria”, decía el eslogan o lema oficial de esa campaña. Cierto saltillense dueño de una pequeña fábrica de colchones hizo suyo tal lema:

Hacer hijos es hacer Patria.
¡Haga Patria en Colchones Progreso!

        
El mejor anuncio, sin embargo, era el de unas pantaletas. No recuerdo la marca. Desde luego no eran Victoria Secret.  El anuncio, sin embargo, es inolvidable. Decía la publicidad de esas pantaletas:

No somos lo mejor, pero estamos 
cerca de lo mejor.