Apodaca, municipio conurbado con Monterrey, en Nuevo León, es uno de los sitios más prósperos de México.

El Aeropuerto Internacional “Mariano Escobedo” está dentro de sus límites, y su poderío industrial es impresionante. Tiene una gran tradición educativa fincada principalmente en la figura prócer del maestro Moisés Sáenz, insigne educador, apóstol de las escuelas rurales y del indigenismo.

Yo gusto de ir a Apodaca por dos razones importantes. La primera, la generosa hospitalidad que su gente da a sus visitantes, gente de la cual he recibido bondades que nunca acabaré de agradecer. La segunda, el sabrosísimo cabrito que ahí se come, de paradisíaco sabor, sobre todo si tu anfitrión es don Raymundo Flores Elizondo, amigo bueno, apodaquense ilustre.

Hoy debería yo estar en Apodaca. Su alcalde, César Garza Villarreal, rinde su informe con logros importantes para la comunidad que lo eligió. Quisiera estar ahí para acompañarlo y para oírlo: es uno de los mejores oradores que he escuchado. No podré hacerlo en cuerpo, pero estaré en espíritu. Y en espíritu y cuerpo iré luego a Apodaca a disfrutar su cabrito sin igual.

¡Hasta mañana!...