A Issa y sus luminosas lunas.

“Pena de mala fortuna que cae en mi alma y la llena. Pena. Luna. Calles blancas, calles blancas... ...Siempre ha de haber Luna cuando por ver si la pena arranca ando y ando...” los versos de Pablo Neruda desde la perspectiva del hombre que enfoca hacia el satélite, son el marco de referencia en los festejos del cincuenta aniversario de la llegada del hombre a la Luna.

Los antecedentes de la proclividad del hombre hacia su único satélite son ancestrales, el sueño fue madurando durante siglos, encontrando en la novela de Verne la excusa para elucubrar la tendencia.

Una vez que el ser humano conquistó los aires, primero a través de globos aerostáticos y después por el invento de los hermanos Wright, el tramo comenzó hacia la posibilidad de llegar a la Luna como primer intento para ir por el universo entero.

Pasados los dos conflictos mundiales, surgen dos grandes potencias enfrentadas igual en la lucha por la Tierra como por el espacio.

Los rusos habían logrado lo inimaginable: colocar primero una perra, Laika, después un astronauta, Yuri Gagarin, y por último a una mujer, Valentina Tereshkova, en una nave espacial con un viaje de circunnavegación en la órbita terrestre, comprobando que era posible llegar a la Luna mediante el impulso gravitacional.

Por ende se convirtió en una carrera entre rusos y americanos y a su vez una obsesión, sobre todo ante los intentos fallidos de los Apolo 1 y 6, pasando por las misiones 2, 3, 4, 5, 7, 8, 9 y 10 que generaron una fuerte inversión derivadas de la declaración del presidente Kennedy en el sentido de que no pasaría la década de los sesenta, sin haber conquistado la Luna.

Los rusos, por su parte, desde los 50 dominaron el espacio y su debacle surgió debido a la caída del líder Nikita Jrushchov en 1964, dejando a un radical oponente al cuidado de los proyectos espaciales de apellido Koroliov que adelantó en mucho a los americanos, pero que fue vencido por el cáncer muriendo antes de ver realizado el sueño ruso de legar a la Luna, esto en 1966, por lo que con su muerte también se perdió la carrera en pos del satélite.

A pesar de intentos de lanzamiento en 1967 y 1968 con los proyectos Soyuz 4 y 5, estos lograron llegar a la Luna pero no aterrizar en ella, solamente navegar por su órbita. El principal problema fue el módulo lunar, elemento en el que los americanos se enfocaron y a la postre lo lograron.

Con una inversión millonaria, la NASA y miles de contratistas, lograron armar el Apolo 11, en conjunto con el cohete Saturno 5.

La nave en su totalidad estaba compuesta por un cohete base que serviría únicamente de propulsor el Saturno 5 que a los 8 minutos fue desechado, para iniciar la ignición de la segunda parte del cohete que los llevara a la altitud de 215 kilómetros o a la órbita de aparcamiento, desprendiéndose esta segunda etapa y continuando con el módulo de mando, que en su parte trasera contenía al módulo lunar.

De ahí el trayecto sobre la órbita terrestre a fin de ser lanzados hacia la Luna.

La última operación consistió en girar el módulo de mando a fin de desplazar el modulo lunar y engancharlo en la punta de aquel para que una vez que se llegara al sitio de alunizaje los dos astronautas pasaran al módulo lunar, mientras el tercero se trasladaría sobre la órbita lunar en un viaje solitario.

Una vez que se localizó el llamado Mar de la Tranquilidad se desplaza el modulo lunar o Eagle de su nave nodriza, el Columbia, y se inyecta el alunizaje.

El 20 de julio de 1969 Neil Armstrong se convierte en el primer ser humano en la Luna rememorando el evento con sus palabras: “Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”. El recorrido en la Luna duró 2 horas, recopilándose varios kilogramos de roca lunar y plantándose una bandera norteamericana y diversos objetos conmemorativos. El resto fue historia y el regreso apoteótico, recibidos como héroes. La transmisión televisiva, se calcula, haber sido vista por 600 millones de personas incluyéndome a través de la televisión General Electric de mi abuela doña Lupe en la tienda “El Batán” de Saltillo, mi natal tierra.

Cincuenta años de aquella hazaña imaginada también por el poeta Amado Nervo: “¿Quién será, en un futuro no lejano, el Cristóbal Colón de algún planeta?/ ¿Quién logrará con máquina potente, sondear el océano del éter, y llevarnos de la mano allí donde llegaron solamente los osados ensueños del poeta?”. Salve astronautas y su Luna conquistada.