Considero que las fechas y los momentos no son coincidencias. En estos momentos el pueblo chileno _como muchas veces poniéndonos el ejemplo_ se encuentra en una situación histórica y coyuntural.

A Chile lo gobierna la administración de Sebastián Piñera por segunda ocasión (un gobierno de derecha). A Piñera se le conoce más, como ser uno de los hombres milmillonarios en Chile que como político. Así en dos ocasiones, se enquistaba la derecha de Chile en la presidencia por la vía democrática.

Protestas estudiantiles por el detrimento de la educación pública, mineros atrapados, terremoto que dejo muertos por un control de riesgos mal administrados, fueron sus desaciertos en su primer gobierno. Definitivamente para el pueblo, Piñera representaba _y representa_ los intereses corporativos de los más ricos que se engendraron en el régimen militar de los años 70 y 80.

En su segundo periodo, no fue muy diferente. De manera excesivamente pragmática, destrozo algunos legados de Michelle Bachelet (como la legalización al aborto bajo tres causales). Con un cristianismo férreo, Piñera a derechizado a la administración pública y, por ende, al actuar de la política _o viceversa_.

Lejos de la ideología, hoy a optado por acciones prácticas, por lo qué dentro de su gobierno, y en su estandarte, se encuentran defensores de violaciones a los derechos humanos, desazón con el problema de migración _por decir lo menos_. Integrantes de su gobierno que ven al aborto como un asesinato y qué por otro lado, pretenden profundizar un modelo neoliberal (casi comprobado como fallido) como segregacionista.

Por las anteriores circunstancias, y por las heridas históricas que aún no cierran después de la nefasta dictadura de Pinochet; desde hace tiempo, en las comunas y ciudades, se han ido produciendo de manera latente, manifestaciones, barricadas callejeras y movilizaciones de jóvenes. Lo anterior, es la muestra de una crisis social detonada desde el año pasado en donde el desempleo, la desinformación y su “nueva normalidad” en condiciones sanitarias precarias… por nombrar algunas.

Hoy, con un calendario constitucional a la orden del día, el pueblo de Chile ha reflexionado diversas razones para aprobar o no la redacción de una nueva constitución, que con razones muy fuertes de carácter económico como la “nula presencia de planes de desarrollo nacional, que orienten las decisiones y las acciones del Estado y de los demás agentes nacionales. Hoy, todo queda entregado a las decisiones económicas de los empresarios privados y extranjeros. Todo lo decide la oferta y la demanda”.

La campaña electoral que definirá la suerte de la constitución que ahora los rige _redactada por la dictadura de Pinochet_, considero, será una de las elecciones más relevantes del país y sus alrededores durante los siguientes decenios. Aprobaran los ciudadanos por medio de un referéndum, si desean o no reemplazar su Carta, y además decidir quienes la redactarán. Creo que es la mejor apuesta institucional; conducir la molestia ciudadana que explotó en octubre del año pasado. A pesar de que el cambio tiene mayoría, presenta un reto importante: la alta abstención.

Con el esfuerzo de una sociedad organizada, el Domingo 19 de enero, se realizó un Manifiesto del Comando Chile Digno Por un Chile donde valga la pena vivir. En América, la esperanza sigue viva, sigue viva porque invita a no dejar la calle, vive por la movilización, por la fuerza y por la organización.

Sin entrar en disertaciones, apoyos y posturas, lo que hace el pueblo chileno debe servir de ejemplo para nosotros los mexicanos. Porque de lo qué si estoy cierto, es de que hoy, se están rompiendo paradigmas del quehacer público en nosotros; sean buenos o no, siempre es bueno un distinto rumbo y no soltar las amarras.

Abraham Álvarez

Columna: Vía comento