La semana pasada impartí una conferencia sobre los riesgos tempranos que enfrentan nuestros hijos. Comenté que a partir de los 9 ó 10 años están expuestos a tentaciones o amenazas muy tóxicas, como el alcohol o la pornografía. Sin embargo, la respuesta de los padres fue: “Aquí no pasa eso”. Una y otra vez los escuchaba escépticos, que sus hijos no eran capaces de padecer esas adicciones porque están bien cuidados. Al terminar la conferencia y en la sesión de preguntas una maestra se levantó y dijo: “Papás, ¡aquí sí pasa! Doy clases en primaria mayor y secundaria, y sus hijos visitan páginas pornográficas a sus 10 años, consumen alcohol a los 12 años y mandan sus “packs” (fotos o videos con muy poca ropa a sus compañeros y amigos) a los 13 años. Sí pasa y mucho. Por favor pongan atención a sus hijos y cuiden sus celulares”. Al día siguiente, una mamá del mismo colegio me envió un mensaje a mi fanpage en Facebook:

“Ayer estuve en su conferencia en el Colegio… y debo decirle que me encantó. Llegué revisando el celular que recientemente le di a mi hijo de 9 años y descubrí cosas que no me gustaron nada. Lo peor del caso es que según yo estoy pendiente de lo que ve y hace, y tristemente me di cuenta de que no es así. Agradezco muchísimo por abrirnos los ojos acerca de lo peligroso que es la tecnología mal aplicada al alcance de nuestros hijos.

“Encontré en su celular imágenes de dos actrices porno. Al preguntarle ¿dónde lo encontraste? Su repuesta primero fue sus amigos y después me dijo: la verdad la verdad, un bloguero”.

¿Cuántos de nosotros desconocemos el contenido que ven nuestros hijos? Creo que muchos. En Estados Unidos está la moda de usar un celular llamado “burner phone” (celular escondido) y, según el Urban Dictionary, consiste en el teléfono usado fuera del negocio y evita ser descubierto por sus actividades ilegales o no permitidas. El 35 por ciento de los adolescentes americanos tienen un “burner pone” para no ser descubiertos en sus conversaciones, intercambio de imágenes, videos o páginas que sus padres les prohíben.

No quiero provocar desconfianza o duda, pero debemos estar más preparados para prevenir y enfrentar los grandes desafíos destructivos de nuestros hijos. Evitemos sermones y juicios subjetivos. Una de las mejores formas para combatir sus atracciones es cambiando sus creencias con racionalidad, evidencias y estudios científicos: “Hijo, ¿sabías que el vapeo no es tan inofensivo como se piensa? En Estados Unidos ha habido centenares de casos que acuden a hospitales por acumulación de agua en los pulmones. Puedes revisar las siguientes noticias…” o “has visto las imágenes del cerebro afectado por la pornografía en el núcleo caudado del sistema límbico y afecta en la motivación produciendo “abulia” (trastorno de apatía, iniciativa para la tarea y persistencia en tareas con esfuerzo). Lo puedes revisar en la siguiente página: JAMA Psychiatry. 2014; 71(7):827-834. doi:10.1001/jamapsychiatry.2014.93”.

Nuestros adolescentes tienen toda la información en sus manos, pero solamente consultan sus redes sociales y son creyentes absolutos de los comentarios, experiencias u opiniones de lo que postean. Estemos alerta de lo que viven nuestros hijos y tengamos un diálogo abierto y sin prejuicios. Entonces, podremos decir “aquí sí pasa” y tendremos tiempo para corregir rumbo y evitar el “hubiera”.

 

@JesusAmayaGuerr

jesus.amaya@udem.edu