Ninguna región como la fronteriza ha desarrollado una relación de simbiosis con EU, lo cual hace que la economía de las comunidades de ambos lados sean mutuamente dependientes

“Sin lugar a dudas el arancel afecta a México, pero Coahuila sería uno de los principales afectados. Hacemos votos para que se arregle el tema, además queremos participar, si el tema es migratorio, vamos a entrarle entre gobierno del Estado y la Federación”.

La frase anterior corresponde a las declaraciones del gobernador del estado, Miguel Ángel Riquelme, respecto de la forma en la cual podría afectar a Coahuila el establecimiento de los aranceles extraordinarios recién anunciados por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, si México no “resuelve” el problema del flujo migratorio ilegal hacia el vecino país.

Se trata, a no dudarlo, de uno de los temas que más deben preocupar a las entidades del norte del País, pues si el gobierno de Estados Unidos decide pasar de las palabras a los hechos, las repercusiones serán importantes y se sentirán, sobre todo, en la zona fronteriza con Estados Unidos.

La razón de ello es simple: ninguna región como la fronteriza ha desarrollado una relación de simbiosis con los Estados Unidos, lo cual hace que la economía de las comunidades de ambos lados de la línea divisoria sean mutuamente dependientes.

Sin embargo, aunque la interdependencia sea clara, la capacidad de resistencia es menor del lado mexicano y por ello es relevante la acotación que al respecto ha realizado el mandatario estatal.

“Si el tema tiene que ver con el flujo que hoy tenemos de la frontera sur hacia las distintas partes del País, sobre todo a nuestra frontera norte, pues hay que evitarlo de raíz y yo creo que ahí tenemos que sumarnos con los demás estados de la República”, dijo el titular del Ejecutivo coahuilense.

Valdrá la pena que en este aspecto los gobiernos, estatal y federal, se pongan de acuerdo a fin de establecer una estrategia conjunta que permita a las comunidades fronterizas, en primer lugar, y al País entero, en segundo lugar, afrontar con éxito una eventual embestida económica del gobierno de Trump.

La estrategia será particularmente útil en el caso de Coahuila si, como muestran las cifras de la Secretaría de Economía, la inversión extranjera directa que llega al estado está registrando una caída “en picada” y ello implica que la entidad pierda competitividad.

Y es que si se combinan la contracción de la inversión y los efectos de la “guerra comercial” anunciada por Trump, el 2019 puede tornar en un año particularmente complicado para la entidad en términos de variables macroeconómicas.

Es por ello una buena idea que el Gobierno de Coahuila se apreste a colaborar con la administración federal en la defensa de los intereses nacionales y a implementar las acciones que resulten necesarias para hacer frente a una eventual oleada arancelaria decretada por el presidente Trump.

Lo mejor será siempre, desde luego, que la estrategia conciliatoria del presidente López Obrador funcione, pero nunca estará de más prepararse para el peor de los escenarios.