Don Tancredo López fue un torero español muy maleta que tuvo la suerte de trascender en la tauromaquia por un desplante en el ruedo que lo hizo popular en el siglo pasado. El “Tancredo” consiste en subirse a un pedestal en medio del ruedo y esperar inmóvil la salida del toro que puede embestirlo o ignorarlo como a un bulto con sombrero. Esta no es una suerte taurina, sino una pirueta de circo como la que actualmente ejecuta don Armando Guadiana Tijerina en la Cuarta Transformación (4T).

En la fiesta brava ya pocos recuerdan al valenciano López que ha trascendido porque el “Tancredo” pasó a ser una actitud socarrona del político taimado, el que se queda inmóvil e impertérrito ante la gravedad de los problemas. Hacer “tancredismo” es hacerse pendejo. Como hace don Armando Guadiana ante las crisis que nos acechan.

Ahí tiene usted que ante la reforma eléctrica, tan cuestionada por los empresarios, el senador Guadiana, que era presidente de la Comisión de Energía en el Senado, pues nomás se queda inmóvil viendo pasar al toro de la controversia sin decir nada al respecto. Pidió licencia en el Senado para evitar el bochorno de aprobar una reforma que él, como empresario, está obligado a rechazar. Como también está obligado a defender a AMLO y a su 4T.

Y resulta espeluznante ver cómo, en medio de una tormenta perfecta para el presidente, con crisis económica, desempleo, el desplome del PIB, la pandemia, escasez de vacunas, la inseguridad, crisis en las pensiones, la reforma eléctrica, los apagones, la crisis de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y el acoso constante de los conservadores, el senador Guadiana nomás le hace al don Tancredo, al disimulo.

Es inaudito que en las condiciones actuales de este País, un senador de la República, como Guadiana, se suelte el fleco y ande haciendo piruetas ridículas en un antro de Saltillo, ciudad que pretende gobernar. No olvide usted que el Senado es inspiración de la antigua república romana.

Don Tancredo Guadiana falta a la seriedad y rigor con que debe ser tratada la “Res publica” o sea, los asuntos para el bienestar del pueblo y cuyas sesiones, como en la antigua Roma, deberían estar presididas por él, que es el senador más viejo de ese poder legislativo.

Y es que el dilema de don Tancredo Guadiana es estar metido en la izquierda nacionalista cuando él es un empresario neoliberal, fiel devoto del libre mercado y la desregulación. Nomás no encaja con AMLO y la 4T porque además, se rumora, es socio de Alonso Ancira y de otros innombrables.

El horno no está para bollos y don Tancredo lo sabe. Por eso disimula y se mete a los antros valiéndole madre la “Res publica”, la esencia misma del Senado. Tan es así que de esa expresión latina deriva la palabra “República”. Asimismo el concepto inglés de “Commonwealth”, que es la fortuna o la riqueza común, ¿qué fortuna nos podría esperar con Guadiana de “DJ” en el municipio de Saltillo? Ninguna, tenga usted la plena seguridad.

Por lo pronto ya tenemos a un avorazado que viola la ley con espectaculares anónimos con bigotes. A ver si Reyes Flores hace huelga de hambre afuera del tribunal electoral. Y mientras tanto, don Tancredo le hace al maje y disimula. Es lo mismo de siempre. Pero ahora más viejo, decrépito y caduco.