Aunque formalmente se trata de un día de asueto –y el sector gubernamental suele ser particularmente celoso del respeto a los días de descanso– hoy viviremos una jornada de intensa actividad en el sector público local. La razón: el inicio del periodo gubernamental de las 38 administraciones municipales electas el pasado mes de julio.

Algunos detalles de los ayuntamientos que hoy asumen formalmente sus funciones vale la pena destacar:

El primero de ellos es el relativo a que 21 de estas administraciones –es decir, más de la mitad– provienen de la ratificación del mandato por parte de los electores en las urnas y de este conjunto forman parte casi todos los ayuntamientos de las ciudades más importantes del estado.

Con la excepción de Piedras Negras, cuya alcaldesa se presentó a la contienda pero perdió la elección y como el caso de Ramos Arizpe, cuya alcaldesa no optó por la reelección, las administraciones de Saltillo, Torreón, Monclova, Frontera y Acuña fueron ratificadas por un periodo adicional de tres años.

El segundo es que se trata de la primera ocasión en la cual un ayuntamiento puede solicitar su ratificación por la ciudadanía, luego de la reforma constitucional de 2014 que levantó el “veto” existente, desde principios del siglo pasado, sobre la reelección consecutiva.

La tasa de éxito que en Coahuila tuvieron quienes decidieron someter su primer periodo al juicio de las urnas –21 de 29– parece darle la razón a quienes promovieron largamente la posibilidad de que en los ayuntamientos tuvieran la posibilidad de prolongar su mandato en el tiempo.

Habrá que recordar, desde luego, que esta primera ratificación se da luego de un periodo muy breve –de apenas 12 meses– para el cual fueron electas las administraciones en 2017, y que la ratificación se dio apenas medio año después de haber asumido funciones.

Un detalle adicional es que, con la asunción de las nuevas administraciones municipales, Coahuila cierra el ciclo de procesos electorales “atípicos” que tuvo desde 2005, cuando el periodo de los ayuntamientos se incrementó de tres a cuatro años y ello se tradujo en la existencia de un calendario electoral que implicaba convocar casi cada año a los electores a las urnas.

A partir de ahora, aunque las elecciones de gobernador y diputados seguirán sin coincidir con los comicios federales, los electores coahuilenses no tendremos más un calendario asincrónico como el de los últimos tres lustros.

Derivado de esta última circunstancia, durante el 2019 no habrá pretextos en Coahuila –al menos no de carácter electoral– para interrumpir o modificar el ritmo de la actividad gubernamental en ninguno de los órdenes de gobierno, pues la próxima cita con las urnas en la entidad será en 2020.

Cabría esperar entonces que, así como el de hoy será uno de intensa actividad gubernamental, los restantes 364 días del año los ciudadanos podamos atestiguar un desempeño permanente de nuestros funcionarios –reelectos o no– orientado al cumplimiento estricto de sus responsabilidades legales.