El próximo 3 de noviembre, Estados Unidos tendrá su elección presidencial y Donald Trump parece invencible. Acaba de sortear el juicio en el Senado y a esa victoria se suma una economía pujante. Sus adversarios lo miran con rabia, divididos y sin atinar un solo golpe. Por el contrario, sale más fortalecido después de cada ataque. Hasta hoy no se ha materializado ninguno de los vaticinios apocalípticos anunciados para su gobierno. 

Así arranca el proceso para elegir al candidato demócrata que habrá de competir con Trump, el puesto de hombre más poderoso del mundo. Empezaron la carrera más de 25 tiradores, ahora quedan 11 y para el 16 de julio quedará sólo uno. Sobra decir que toda eliminatoria, debilita y divide.

¿Qué semejanzas tiene nuestra experiencia en México? Andrés Manuel López Obrador aplica a sus adversarios un cóctel de mensajes abstractos y en ocasiones sin sentido, combinados con otros que distraen. Con su paciencia tropical, controla el debate mientras sus adversarios no atinan respuesta alguna que caiga bien en el ánimo ciudadano. 

Trump es diferente, pero consigue el mismo resultado. Trump es un matón de banqueta, un bully, el típico niño que abusa de los más débiles de su salón de clases. Aplica la burla, el descontón, los apodos malintencionados, el autoelogio y la vanagloria. Parece que al elector estadounidense también le gusta estar con el ganador, con el más fuerte. 

La pregunta aplica tanto para México como para Estados Unidos: ¿Habrá qué pueda arrebatarles el control del micrófono? ¿Será posible que nos desembrujemos? Vale decir que en Estados Unidos la mayoría de los medios son abiertamente Anti Trump. No lo esconden. Basta sintonizar CNN, NBC, Univision, CBS y ABC para encontrar, todos los días, horas y horas de ataques que parecen no aterrizar en el sentimiento del público.

La baraja de contendientes por la candidatura demócrata va desde Bernie Sanders hasta el exvicepresidente Joe Biden o el multimillonario Michael Bloomberg, preferidos de la nomenclatura. Entre esos extremos están la senadora de izquierda Elizabeth Warren, más moderada que Sanders y a quien la nomenclatura preferiría si Biden o Bloomberg se caen. Sorprendió también Buttigieg, el aparente “ganador” de la primaria de Iowa, la primera. Su triunfo en votos fue muy estrecho frente a Sanders, aunque quedarán empatados en número de delegados. Peter Buttigieg es alcalde del pequeño pueblo de South Bend, Indiana, reconocido por ser la sede de la Universidad de Notre Dame. Sin duda, destaca por tener una buena carrera militar que le gana el respeto y aplauso de un público que mucho aprecia a sus fuerzas armadas y, por su histórica participación, sería el primer contendiente homosexual casado con su pareja. Para un sector importante del partido demócrata esto es tan importante como haber postulado a la primera mujer, haber llevado a la oficina Oval al primer afroamericano y más importante que impulsar al primer hispano. 

Lo que está claro es que el candidato a vencer en el bando demócrata sigue siendo el senador Bernie Sanders. Es un político de carrera de 78 años y un infarto. Se convirtió en un ídolo de la juventud progresista estadounidense. De no ser el elegido, una parte de sus seguidores pudiera terminar apoyando a Trump, como ya lo hicieron hace cuatro años. Así parece suceder con los extremos, si no compiten se atraen. De ahí que resultaría más cómodo para la nomenclatura demócrata apoyar a un radical de izquierda “a la gringa” que a Trump. Será cuestión de ver por quién siente más animadversión.


@chuyramirezr
Jesús Ramírez Rangel

Rebasando por la Derecha