El acto de matar periodistas produce un efecto en cascada. Miedo e inseguridad son el mensaje; acallar es la meta

Durante la semana de la visita del papa Francisco, la periodista Anabel Flores Salazar fue asesinada. Todo al mismo tiempo: Se entrecruzan el inmenso júbilo por la presencia del máximo dirigente de la Iglesia católica a nuestro país y la tragedia, entre muchas otras, del nuevo asesinato de una reportera. Acallar y asesinar informadores empieza a convertirse en norma en México. El deterioro moral de nuestra nación en el extranjero es enorme. 

La fotografía a color de Anabel, sonriente, joven, ha recorrido el mundo. Anabel como México. México como Anabel. Nuestra nación en la mira del mundo: el papa Francisco recibirá un pequeño baño de la realidad de nuestra nación y, al unísono, el cuerpo semidesnudo y maniatado en una carretera veracruzana de la reportera, exportará, una vez más, la irrespirable situación por la que atraviesa nuestro país. 

Sin periodistas el mundo sería más crudo. Sin periodistas las nauseabundas acciones de nuestros políticos serían peores. Flores, explican los medios de comunicación, trabajaba en dos pequeños periódicos de Orizaba; escribía, sobre todo, acerca de criminalidad. En lo que va del año tres periodistas han sido asesinados. De acuerdo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, desde 2010, 56 han sido asesinados. A esa cifra debe agregarse otro dato, quizás más doloroso: entre 2003 y 2015 han desaparecido 23 periodistas. 

La prensa internacional considera que México es el país más peligroso para ejercer ese oficio, mientras que Reporteros sin Frontera asegura que “México es uno de los países más peligrosos del mundo para los periodistas y responsabiliza a los grupos criminales y a las autoridades federales y locales, principalmente policías asociados con las mafias, de esa situación de inseguridad para los periodistas”. La misma Comisión Interamericana ha informado que uno de cada tres asesinatos de periodistas en Latinoamérica sucede en México, más del doble de lo reportado en Brasil. Menuda acusación, terrible realidad: las mafias y los representantes del Estado actúan en contubernio. Eso dicen de México en el extranjero. Eso sucede en nuestras calles. 

Como suele pasar, los asesinos y los implicados en los crímenes nunca son identificados. Nadie sabe quién cegó la vida de Anabel. Si se sabe, en cambio, que tenía 32 años, y dos hijos, un bebé recién nacido y un niño de cuatro años. Asesinar periodistas produce un efecto en cascada. Miedo e inseguridad son el mensaje. Acallar es la meta. Se requiere demasiado valor para ejercer periodismo “de riesgo”, sobre todo, cuando la ley es violentada sin cesar. Veracruz, la casa de Anabel como ejemplo, y la casa de Moisés Sánchez y de Regina Martínez y de Gregorio Jiménez y de Rubén Espinosa, todos ellos periodistas asesinados que trabajaban en el mismo estado y cuyos crímenes no han sido, ni serán aclarados. Ejercer periodismo en Veracruz bajo la égida de Javier Duarte, o los duartes previos, es trabajo de alto riesgo. 

Hace un año, los invitados al Hay Festival, encuentro cultural organizado por Inglaterra, decidieron cancelar el evento en Xalapa. Intelectuales nacionales y extranjeros no quisieron convertirse en cómplices del silencio y de la incapacidad de las autoridades (¿?) veracruzanas. En síntesis, la carta enviada en 2015 a los directivos del Hay Festival Internacional, y apoyada por organizaciones defensoras de la libertad de expresión y del derecho a la información, decía, “Esperamos que sea tomada en cuenta la solicitud a los directivos del Hay Festival y a los financiadores de comprometerse a hacer cambios para que el gobierno de Javier Duarte no use el Hay Festival para tapar sus crímenes contra periodistas o, de lo contrario, que se retire la sede del Hay Festival, que se hagan públicas las razones y se pida al gobierno mexicano su compromiso para garantizar la libertad de expresión”. 

El Hay Festival no se llevó a cabo en Xalapa. La cultura en México y los habitantes de Veracruz perdieron. Las autoridades mexicanas nada han hecho. Los crímenes siguen impunes. Los duartes continúan en el poder, en su poder. Cada Anabel asesinada son muchas anabeles asesinadas y más las acalladas. 

Anabel ha sido silenciada la misma semana de la visita del Papa a México. Los mismos días de la brutal masacre de Topo Chico en Nuevo León, otra noticia de primera plana en el extranjero. 

Notas insomnes. Es fundamental poner al tanto al respetable.