Traslados. Los taxis fueron clave, como cada elección, para cumplir con el acarreo organizado por las lideresas. Francisco Muñiz
La gente que era “acarreada” por las lideresas recibía algún aperitivo como refrescos, agua, pan dulce para agradecerle haber acudido a las urnas... a votar por su candidato.

Los colonos que habitan la cordillera de casitas construidas con paredes de block y techos de lámina, en la falda del cerro, fueron trasladados hasta sus casillas en taxi para votar aunque desconocían a sus candidatos.  

Como hostess de restaurantes, lideresas de diferentes partidos invitaban a los ciudadanos a ejercer su voto a las afueras de las casillas y alrededor de las instituciones educativas donde se encontraban las urnas.

“¿Ya votaste, vecino?”, preguntaban las lideresas a la población, tomando lista y llevando a los votantes hasta sus casillas en carros particulares o flotillas de taxis.

Esta misma situación se replicó en las colonias Guayulera, Doctores, Fresnos, Josefa Ortiz de Domínguez, Margaritas, Puerto de Flores y de la Virgen, donde las lideresas “vigilaron que los habitantes acudiesen a votar libremente”.

Quienes cuestionaron que la prensa fotografiara las reuniones vecinales que sostenían cuadras antes de llegar a las casillas y los cuadernillos en sus manos. Hombres que guardaban bajo el brazo hojas de máquina impresas de forros amarillos.

Algunas de las lideresas ofrecían refrescos, agua, pan dulce o algún aperitivo para “agradecer a los habitantes” que hubieran acudido a ejercer su voto como una responsabilidad que les confiere, mientras que quienes se negaron a recibirlo, eran ignorados incluso sin responder un “buenos días”.

Otra forma de “acarrear votos” fueron flotillas de taxis amarillos y blancos que trasladaban familias enteras o vecinas de una distancia a otra evidenciando los acuerdos a través de los radios de su cabina.

“Dejo a éstas y me lanzo por otras, ahí en lo que votan voy por otras para avanzar las carreras”, comentaba los taxistas en la radio con otros conductores.