Pasan por nuestras calles. Los hemos visto en nuestra ciudad y lo que fue asombro, se convierte por desgracia en el paisaje cotidiano. Mujeres y hombres de brazos fuertes, de mirada decidida puesta en el horizonte.

Los acompañan niños de todas edades y si resulta estrujante verlos junto a sus padres en este largo y peligroso andar, más estremecedor es cuando van recostados en los hombros, cansados, dominados por el sueño y el hambre.

Para ellos, la ciudad ha dispuesto algunos espacios: por el bulevar Venustiano Carranza se encuentra un bebedero y hay también en esa avenida, como en calles interiores, una suerte de tendederos en donde se ofrecen prendas de vestir para quienes pasan caminando. Muchos de estos mostradores aparecen de pronto vacíos, en otras ocasiones con una u otra chaqueta, lista para ser tomada por el migrante.

Triste realidad. Aparecen por aquí y por allá, y por un corto espacio de tiempo, quienes han sufrido de amputación de piernas o brazos. O de ambos. Doloroso paisaje, al que nos vemos enfrentados por segundos desde la comodidad del automóvil que lucha por salir del tráfico y permanecer el menos tiempo posible ante los semáforos.

Llegan del sur. Del México profundo, aún algunos. Hace años, el paisaje lo conformaban las mujeres conocidas como Marías, con sus hijos en brazos. Ahora, llegan de todas partes a esta y las más importantes ciudades de paso, las obligadas del norte, para alcanzar los Estados Unidos.

¿Cómo no conmoverse ante lo que nuestros ojos nos deparan día tras día? Y, ¿cómo no indignarse cuando pensamos en la manera en que la política en nuestro país ha dejado ir el tema de la migración entre las manos?

No puede dar más que enojo cuando pensamos en el pasado remoto y en el pasado reciente en materia de política pública.

En 2001, Vicente Fox puso en la mesa de discusión el tema de migración con Estados Unidos, siendo Jorge Castañeda Secretario de Relaciones Exteriores de México.

Hubo una reunión México-Estados Unidos de la cual los representantes de ambos países salieron satisfechos. Por lo menos, México había logrado que George W. Bush colocara momentáneamente la mirada en el tema.

Pero esta reunión ocurrió el 6 de septiembre de 2001, cinco días antes del horrendo atentado a las Torres Gemelas en Nueva York y a otros emblemáticos y estratégicos puntos de los Estados Unidos.

George W. Bush priorizó su agenda y enfocó su atención a lo que estaba pasando en su país. Declaró la guerra al terrorismo.

¿Qué dejaron en el tintero? La revista Nexos, en un espléndido trabajo, “Los mexicanos que se van. Acuerdo migratorio. ¿Una ambición desmedida?”, de Rafael Fernández de Castro, director del Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Universidad de California, en San Diego, y la periodista Ana Paula Ordorica dieron cuenta de ello pasados cuatro años de aquel remoto encuentro:
“La enchilada completa”, como llamó Castañeda al acuerdo migratorio integral propuesto por México, centraba las negociaciones en cinco puntos:
1) El establecimiento de un programa de trabajadores huéspedes.
2) La regularización de migrantes indocumentados que cumplieran con ciertos criterios.
3) Proyectos socioeconómicos de desarrollo para las zonas mexicanas de expulsión de migrantes.
4) Cooperación en la administración y seguridad de la zona fronteriza y,
5) Creación de condiciones favorables para la reunificación familiar.

A la fecha, los puntos que se establecieron a casi 18 años permanecen sin atenderse. Ni se pensó en proyectar estrategias de orden social y económicas en las zonas de mayor expulsión de migrantes, menos se pensó en cooperar para administrar la zona fronteriza. Más: al contrario de crear condiciones favorables para la reunificación familiar, los gobiernos que siguieron continuaron instalados cómodamente en lo que los dos autores señalan como el mantener en la frontera la válvula de escape al desempleo de nuestro país.

Tampoco hubo ningún intento en establecer conexiones con los países de Centro América. Así, Honduras se convirtió en un dolor de cabeza para el entonces presidente Enrique Peña Nieto; para la actual administración sigue siendo importantísimo reto.

Con un huracán como el encarnado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es deseable que México enfrente este desafío de manera más valiente y más decidida. Pero también más inteligente. Esperamos que la administración de Andrés Manuel López Obrador penetre en el significado de lo que representa el andar de los migrantes y el peligro que enfrentan ellos día con día.