Ninguna banda o solista ha tenido tanto éxito en ganarse el odio de los padres y los medios de comunicación como lo ha logrado Ozzy Osbourne. El exvocalista de Black Sabbath ha sido muy criticado a lo largo de su carrera debido, principalmente, a rumores que lo denuncian como psicópata y satanista. Pero a pesar de su reputación, nadie puede negar que Osbourne ha tenido un efecto enorme en el heavy metal. No posee una gran voz, pero la compensa con su talento dramático. Es, como dicen, un “showman”, una superestrella que ha venido millones de discos.

John Michael Osbourne comenzó su carrera profesional a finales de los años 60, cuando se unió con el guitarrista Tony Iommi, el bajista Geezer Butler y el baterista Bill Ward para formar la banda de rock más importante de la historia: Black Sabbath. El grupo fue y sigue siendo único gracias a éxitos como “Paranoid”, “Iron Man”, “Sabbath Bloddy Sabbath” y “War Pigs”. Pero Osbourne fue despedido de Black Sabbath acusado por sus adicciones a las drogas y el alcohol. Al salir, formó con el guitarrista Randy Rhoads el grupo Blizzard of Ozz. Su primer álbum se estrenó en septiembre de 1980 en el Reino Unido y tuvo éxitos como “Crazy Train” y “Mr. Crowley”. Los números de Ozzy crecían y los de Black Sabbath disminuían. 

Esto a pesar de magníficas canciones como “Heaven and Hell” y “Mob Rules” y de tener una de voces más impresionantes que he escuchado, la de Ronnie James Dio. 

La carrera de Osbourne llegaba a las masas y alcanzaba su punto máximo. Sin embargo, la controversia estalló cuando fue acusado de crueldad animal pues durante una actuación, un murciélago fue lanzado al escenario y Ozzy le arrancó la cabeza de una mordida –Él dice que pensaba era falso–. 

Luego su guitarrista, el enorme Randy Rhoads, murió en un extraño accidente de avión. Osbourne cayó en depresión después de perder a su mejor amigo. Un par de años después, Jake E. Lee se unió a su grupo como nuevo guitarrista y grabaron “Bark at the Moon”, un disco que, aunque no alcanzó el éxito de los anteriores, su principal sencillo “Bark at the Moon” forma parte de la historia del rock.

Luego usted quizás se enteró de Ozzy por el reality show de MTV “Los Osbournes”, un programa donde se presentaron las tribulaciones de la estrella del rock y su familia disfuncional. La serie logró un éxito inmediato con records de audiencias para el canal.

Volví a saber de Ozzy hasta el año 2012, luego del intento de reunir al Black Sabbath original. Fue en su natal Birmingham, Inglaterra donde, los que nos hipnotiza y estremece su música, los vimos por fin tocar juntos. Y a pesar de que no fue lo soñado, ya que Bill Ward no asistió, ver en escena nuevamente a Ozzy Osbourne, Tony Iommi y Geezer Butler fue algo para conmemorar.

Pero hay ciertos momentos en donde todo estaba destinado a ser. Eventos en donde las estrellas se alinean para formar un momento perfecto. Eso fue exactamente lo que sucedió la semana pasada en el momento justo del eclipse solar. Fue durante el Festival de Moonstock en Carterville, ciudad ubicada en el sur de Illinois, que estuvo en la franja donde el eclipse solar del pasado 21 de agosto fue total.

Ahí, aficionados a los fenómenos astronómicos, al espacio y también al metal pesado, celebraron el eclipse con conciertos de bandas impresionantes como Halestorm y Five Finger Death Punch. Pero el lunes pasado, en el momento justo del eclipse tocó el turno del Príncipe de la Oscuridad. Era la 13:20 horas cuando la leyenda del metal, de 68 años, salió al escenario y empezó a cantar una de sus canciones más emblemáticas: “Bark at the Moon”, o si la quiere traducir al español “Aullándole a la Luna”.

Al empezar el primer verso, el cielo empezó a oscurecerse. Luego, cuando llegó el segundo verso, el sol fue tragado por la luna y todo se volvió completa oscuridad. Durante casi tres minutos, la multitud se volvía loca tanto por Ozzy como por la rareza celestial.

La oscuridad fue tal, que algunos alcanzaron a ver astros y planetas. Al oeste Marte y más lejos Venus. Al este Mercurio y Júpiter. Pero pronto y al centro de la bóveda celeste aparecieron dos estrellas brillantes. Eran Ozzy Osbourne y Black Sabbath, que estaban ascendiendo a los cielos del metal. 

@marcosduranf