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Los inesperados beneficios de hablar un idioma que no es el tuyo

José Luis Peñarredonda

Mientras que en nuestra propia lengua podemos decir las cosas de muchas maneras, cuando hablamos otro idioma tenemos menos opciones y eso nos lleva a ser más concisos en lo que decimos.

Recientemente, pasé cuatro meses trabajando en Londres. Mi inglés siempre sonaba diferente en mi cabeza que cuando salía de mi boca…

Solía olvidar las  palabras, cometer errores gramaticales y no tenía la precisión habitual de mi español nativo. Me sentía como si estuviese tratando de comer caldo con un tenedor.

Mientras escribo este artículo tengo frente a mí un diccionario abierto, porque aprendí a desconfiar de mis ideas y de lo que significan algunas palabras.

Sin embargo, trabajar en un idioma que no es el propio también tiene sus ventajas.De hecho, investigaciones recientes demostraron que la gente que puede hablar un idioma extranjero tiende a ser más analítica.

Otros estudios concluyeron que la gente que es bilingüe toma decisiones de manera diferente a quienes hablan una sola lengua.

Esto quiere decir que, además de ser una competencia adicional en cuanto a los lugares en los que puedes trabajar, un idioma extranjero también te hace un trabajador diferente.

Pero la pregunta importante es: ¿te hace realmente un mejor trabajador, un trabajador mejor calificado?

Distancia emocional

De acuerdo a una investigación liderada por Albert Costa, profesor de Psicología, cuando la gente hace pruebas de razonamiento en un idioma no nativo tiende a cometer menos errores que aquellos que hacen la misma prueba en su propia lengua.

“En una lengua extranjera, la gente parece tomar más distancia psicológica en torno a lo que se está planteando y por lo tanto evalúa mejor los riesgos”, dice Costa.

Costa y su equipo especulan que este “efecto de la lengua extranjera” está asociado a la distancia emocional que alguna gente siente cuando habla un idioma diferente.

Las causas no son claras, pero puede estar relacionado con el contexto en que se usa.

Por ejemplo, “si la usas con amigos, en situaciones relevantes, tendrás un mayor compromiso emocional con ello”, afirma Costa.

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También puede ser que si aprendes esa segunda lengua de pequeño, experimentes un mayor “compromiso emocional” con ella, agrega.

¿O será simplemente que tu cerebro tiene que trabajar más duro cuando hablas un idioma que no es el tuyo?

Precisión analítica

Según el psicólogo Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía en 2002, el esfuerzo mental que exige un segundo idioma, hace a la gente más analítica.

Así, el efecto más cuidadoso que se pone en la lengua extranjera, podría explicarse porque realizar tareas en otro idioma, lo requiere un proceso de pensamiento más trabajoso.

Otro elemento que influye en nuestra relación con el segundo idioma es si lo aprendimos de pequeño o de mayores.

Otros psicólogos creen que hablar en un idioma extranjero genera diferencias en la forma en que la gente piensa y reacciona.

Ceri Ellis, psicólogo de la Universidad de Manchester, en Reino Unido, dice que la gente puede ser más objetiva en una lengua extranjera, ya que son mejores a la hora de rechazar críticas falsas sobre su propia cultura cuando son expresadas en otro idioma.

“Cuanto más alejada esté la segunda lengua de tu idioma nativo, más grande será el efecto”, señala Ellis.

Por eso, mi propia incomodidad cuando trabajaba en inglés quedó compensada por mi precisión a la hora de pensar.

Claro que esta pequeña ventaja se habría desvanecido si hubiese desarrollado una relación más emocional y cercana con ese idioma.

Mejor negociador

No hablar con fluidez un idioma puede ser también una estrategia útil para mostrarte menos inteligente de lo que eres.

Si bien a simple vista negociar en un idioma que no es el nuestro puede parecer una desventaja, esto puede hacer que tú seas la persona con más cabeza fría presente en la reunión.

Hablar en un idioma extranjero te permite ganar tiempo en una negociación. Puedes actuar como si no hubieses comprendido mientras piensas la respuesta.

Este es justamente el tipo de truco que los expertos internacionales —como los diplomáticos y los empresarios— utilizan con frecuencia.

No hablar con fluidez un idioma puede ser también una estrategia útil para mostrarte menos inteligente de lo que eres.

Esto puede servir para que tu oponente no se prepare lo suficiente y esto te de una ventaja inesperada.

Efecto de la segunda lengua

A título personal, no recuerdo haber sido más racional durante mi estadía en Londres.

Puede ser porque mi inglés era lo suficientemente bueno como para cancelar este efecto, o porque simplemente no lo haya notado.

Negociar en un segundo idioma con clientes extranjeros es más fácil que con clientes locales, dice la emprendedora colombiana Natalia Vivas.

Natalia que ahora vive en Londres, recuerda cuánto más fácil era lograr un contrato beneficioso con un cliente sueco en inglés.
“No me daba miedo decirle ‘esto es lo que cuenta’”, dice.

Pero puede que el efecto de la segunda lengua no sea la única razón por la que pudo ser tan directa con su cliente.

Una de las razones es que como extranjeros, era muy probable que ya no se volviesen a ver.

“Con clientes locales en español, sobre todos los grandes, las negociaciones fueron mucho más lentas y me sentía mucho más insegura”, explica Natalia.

Ventajas de ser directo y breve

Para algunos, el vocabulario limitado en un idioma extranjero suele ser la razón por la que pueden ser breves, sucintos y racionales.

“Es más fácil explicarle a mi equipo lo que quiero de ellos que expresarles mis sentimientos asociados a lo que quiero”, dice María Paz Castañeda, una ingeniera colombiana que trabaja en una refinería de petróleo en Rotterdam, Holanda.

“En español, puedo encontrar cinco formas diferentes de decir algo, pero en holandés solo puedo pensar en una”.

También está el desafío de entender una cultura diferente y cómo funcionan los códigos de comportamiento.

“Me siento ansiosa por la manera en la que la gente escribe sus emails, cómo saludan y cómo se despiden”, cuenta Vivas en referencia a su nuevo trabajo en Londres.

De nuevo, ser breve y suciento, es la mejor manera de evitar errores.

Pero ser bilingüe y trabajar en una lengua que no es la tuya propia no te hace necesariamente mejor ni peor... sino diferente.

El efecto combinado de todos estos factores es que muchos trabajadores de otra lengua tienen que usar su cerebro más que sus colegas que tienen ese idioma como primera lengua.

Te hace diferente

“En inglés, tengo que tomar tiempo para pensar”, dice Castañeda. “Conviene repetirlo: ser bilingüe y trabajar en una lengua que no es la tuya te hace un trabajador diferente, pero no necesariamente uno mejor o uno peor”.

Si tu trabajo necesita que seas un comunicador rápido y preciso, hablar en una segunda lengua hará que las cosas sean un poco más difíciles.

Pero si tu trabajo requiere una cabeza más fría, pensar con calma y racionalmente, usar una lengua extranjera te da una pequeña ventaja.

Desafortunadamente, mi trabajo en Londres requería las dos cosas.