Estaban en el infierno Montesquieu y Maquiavelo jugando ping-pong para no pensar en la moral de la política o en su amoralidad.

En eso aparece Belial, príncipe de los avernos, en su carroza tirada por 12 caballos negros que escupían fuego por el hocico, y les grita: “¡dejen de hacerse pendejos, pónganse a discutir política!”

Les avienta al piso un pergamino enrollado y les espeta: “ahí está la pregunta a debatir”. Maquiavelo en voz alta lee su contenido: “¿Por qué Humberto Moreira fue ratificado como Consejero Político del PRI?”

Montesquieu: Es indignante. Nadie en su sano juicio avala a este personaje tan desprestigiado. Heredó una deuda por 36 mil millones de pesos; de la que los coahuilenses no saben origen ni destino.

Maquiavelo: El desprestigio moral es irrelevante en política, mientras el Príncipe proteja al personaje. Beto es un expresidente del PRI y no existe expediente abierto en su contra.

Montesquieu: ¿Cómo explicas esa contradicción ética entre la ratificación de Beto, señalado por corrupto, protegido e impune, y lo dicho por Peña Nieto ese mismo día: “En el PRI no tienen cabida la corrupción, el encubrimiento y mucho menos la impunidad”.

Maquiavelo: Son palabras. La ratificación de Beto responde a la necesidad del PRI de mantenerlo cerca, utilizar sus talentos como operador electoral y reducir el riesgo de perder las elecciones en Coahuila.

Montesquieu: Ésos son buenos deseos, porque los vientos de alternancia política y renovación moral se avecinan en Coahuila.

Maquiavelo: Quizá, pero el regreso de Beto amainaría esa ventisca porque incrementa la posibilidad de ganar Saltillo; aunque su presencia ocasione pérdida de votos en la Región Laguna, por ejemplo.

Montesquieu: ¡Es impensable que regrese a Coahuila!

Maquiavelo: Regresa para blindar su supervivencia, te guste o no. Pero sin margen para equivocarse, porque de lo contrario, el Príncipe lo enviaría al cadalso de los Duarte, Yarrington y Borge.

Montesquieu:¡Dios mío, qué cinismo!

Maquiavelo: ¿Cuál? La política son hechos, no deseos.

La ratificación de beto es para reducir el riesgo de perder las elecciones