Hemos concluido una vuelta más alrededor del sol. El momento sirve, tradicionalmente, para hacer un recuento de lo hecho en los 12 meses previos y para fijarse metas de cara a las 52 semanas que tenemos por delante, semanas que constituyen, también por regla general, la renovación de la oportunidad que nos damos —y otorgamos a los demás— para cumplir los propósitos importantes de la vida.

La frontera entre la Noche Vieja y el Año Nuevo solemos transitarla formulando propósitos; es decir, estableciendo compromisos con el futuro que comenzamos a construir —individual y colectivamente— a partir de que el calendario nos indica el haber iniciado un nuevo año.

Cada quien habrá hecho ya su personal balance de lo que fue el 2015 en términos del cumplimiento de sus expectativas personales y de cómo vio desenvolverse al mundo en ese período. Cada quien, a partir de ese recuento, habrá establecido ya el esfuerzo que le implicará cumplir los objetivos que se ha trazado para este naciente 2016.

Más allá del balance que cada quien haya realizado, la formulación de propósitos dice algo importante de todos nosotros: somos optimistas, porque encontramos en el inicio de cada año una nueva oportunidad para ser mejores, para superarnos a nosotros mismos, para enmendar los errores y para contribuir a la construcción de un mejor mundo para todos.

Ser optimistas es importante, por supuesto, pues no puede concebirse de manera distinta la aventura diaria de vivir: necesitamos creer que es posible construir una realidad mejor para no caer en la desesperanza y para no dejar de perseverar en el propósito que ha animado el esfuerzo permanente de las sociedades de todos los tiempos: alcanzar el destino de nuestra especie.

Pero el optimismo por sí sólo es insuficiente. A la expectativa de un mejor futuro es necesario añadirle —en dosis suficientes— trabajo, esfuerzo, tenacidad, vocación por la mejora continua, buena voluntad, solidaridad y compromiso con el bienestar colectivo.

Porque sólo con esos ingredientes podemos aspirar a convertir en realidad los sueños que animan nuestros propósitos de año nuevo. Sólo con el trabajo arduo y constante podemos considerar como algo factible la cristalización de nuestras aspiraciones personales y colectivas.

Por ello, una vez concluido el período de festejos por  el término y el inicio del año, debemos disponernos todos a reanudar nuestras particulares empresas y a dedicarle un espacio de nuestros diarios afanes a colaborar en la edificación de una sociedad más justa para todos.

En VANGUARDIA nos sentimos particularmente gratificados por el privilegio de contar un año más con su preferencia y compañía. Y, como cada día, de cada mes, de cada año, nos disponemos a refrendar cotidianamente, a lo largo de los próximos 12 meses, el compromiso de servir a nuestra comunidad apoyando sus mejores causas.

Bienvenido el 2016 y que sea mejor para todos.