Cada uno inventa su propio fantasma para asustarse con él.

Se han dado cuerda los arúspices de tormentas y terremotos políticos y económicos. Hay pronósticos –con y sin bola de cristal– para señalar colapsos, desastres, despojos y enfrentamientos.

Un petróleo tembleque salta de gusto cuando le regalan algunos dolarcillos para su precio en el mercado. El recio trampolín bancario acaba de combarse por el primer salto de gran peso de su gobernador en busca de pagos internacionales en Suiza. La presión del apoyo para el salto alcanzó a hundir un poco más al peso. La obsoleta flotación se va sustituyendo por urgida y progresiva sumersión.

Ya asoma la testa el enigmático “año de Hidalgo: que maldice al que deje algo”. Las rebanadas visibles e invisibles se siguen repartiendo entre entrecomillados representantes y legisladores. Se suman a las tajadas de funcionarios estatales fugitivos, arraigados y por arraigar.

El tsunami humano anunciado de la deportación masiva no se ve como fuerza recobrada de trabajo productivo, sino como carga poblacional dislocada y desprovista. Y el vilipendiado TLC se contempla como obsoleto enfrascamiento ya enmohecido y trasnochado. Temblaron algunos pusilánimes por el freno a la instalación de empresas de allá por estos rumbos, sin aplaudir el freno californiano a la deportación republicana al facilitar nacionalización a migrantes en riesgo.

Cada quien proyecta su propia película de terror como si fuera un documental sobre la pantalla de lo impredecible. 

Es la bisagra estremecida de un año que se acaba por acá y otro que empezará. Bisagra de un sexenio que llega a su recta final y de un siguiente a cuya caballada no se le ve aún el trote. Es el entretiempo. En EU separa una negritud presidencial que se va y otra que amenaza, a pesar de una cuantiosa derrota de voto popular y, después de su pirotecnia de rajatabla, alcanza victoria en voto de estados.

Por encima y más allá de los sustos, hay relámpagos de oportunidad, hay miradas serenas que descubren brotes de mejoría, de avance, de elevación. Muy pocos esperan una sorpresa del Consejo Electoral –gran elector allá– después de la votación y los recuentos estadounidenses. A pesar de la brusquedad verbal entran en la ensalada otros ingredientes neutralizadores y nuevas actitudes más inteligentes y saludables para ambas vecindades en que ya hay muros parciales y desplazamientos recíprocos permanentes…