Hace 300 años, el Bisonte americano, también conocido como Búfalo, un enorme mamífero que vive en manadas, era un habitante común de valles, praderas y llanuras de Norteamérica, se estima que había más de 50 millones de ejemplares. Era considerado sagrado por las tribus nativas de estos territorios. Si bien, lo cazaban para satisfacer múltiples necesidades, consideraban que los beneficios que brindaba eran de suma importancia, pues aportaba alimentación, abrigo, materiales de construcción, entre otras cosas. Su cacería era prácticamente un ritual donde se agradecía a este “dador de vida” con sumo respeto. 

El Bisonte llegó casi a su extinción con la llegada de ingleses y españoles a la conquista del territorio, su piel era altamente cotizada y se aprovechaba hasta sus huesos pulverizados como fertilizante, por ello se convirtió en un catalizador del comercio al grado tal que para finales del siglo XIX se calculaban apenas unos 750 ejemplares en libertad, además de verse afectado por la fragmentación de su ecosistema y enfermedades. Con acciones de conservación a través de muchos años se logró recuperar un poco su población, actualmente existen alrededor de 350 mil bisontes en Estados Unidos, la gran mayoría utilizado para producción de carne. 

En México el Bisonte habitaba en Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Durango, lamentablemente se extinguió totalmente. Gracias al interés de repoblar, después de 100 años de extintos, reintrodujeron 23 ejemplares a nuestro país, como parte de un programa de conservación binacional. Se liberaron en la Reserva de la Biosfera Janos en Chihuahua, formando así la primera manada en México que hoy en día tiene 200 bisontes. De ahí se trasladaron 19 ejemplares a Coahuila para formar una segunda manada en el Área de Protección de Flora y Fauna Maderas del Carmen y Ocampo, donde se trabaja con diferentes dependencias para su conservación. En días pasados, hermosas imágenes se difundieron de esta manada en paisajes nevados, después hubo indignación y molestia pues aparecieron fotografías de cacería de bisonte. No se tiene claridad aún sobre este hecho, la PROFEPA realizó inspecciones al rancho que difundió las imágenes que argumenta no corresponden a la actualidad ni a los ejemplares de conservación. Veremos en qué termina este asunto. 

Para quienes gustan de la cacería siempre habrá argumentos para sus acciones, pues incluso se utiliza como una estrategia de conservación a través de ranchos cinegéticos como unidades de aprovechamiento de la vida silvestre. En mi opinión, no es un deporte, es un acto que tiene siempre en desventaja a los animales que no valora ni respeta, que matan, no por necesidad, sino para engrandecer su ego y ante el enorme daño que la humanidad ha hecho a la Naturaleza, lo que necesitamos es sumar, ayudar, valorar, no mantener el deseo de matar. Podrán criticar que quienes estamos en contra de la cacería comemos carne, pero para mí no es un orgullo matarlos, ni lo uso de trofeo para sentirme grande. Repito, argumentos puede haber muchos a favor, es una cuestión más bien de valorar y respetar la vida de todas las especies. 

Lo que rescato de este hecho es que cada vez hay más gente que se preocupa e interesa por la conservación y respeto de la vida silvestre, de los ecosistemas y valora la vida de otras especies, no sólo por la utilidad que le pueda brindar a los seres humanos, si no por el propio valor de su vida en libertad.