Las últimas semanas los temas relacionados con Bolivia han tenido un espacio importante en la agenda pública. Se trata de un tópico complejo y con muchas aristas, que suscita reacciones encontradas, por un lado, quienes son más cercanos a la izquierda defienden a capa y espada a Evo Morales, se olvidan de todos los errores y excesos que cometió, quienes son más cercanos a la derecha cometen el error de defender la abrupta salida de Evo Morales del poder, aunque detrás de la misma haya un golpe de Estado. En este punto tomar partido por uno de los bandos, es ver parcialmente el contexto, tanto Evo y sus seguidores, como Jeanine Áñez y los militares que la respaldan, son en conjunto los villanos y el pueblo de Bolivia las víctimas.

Es necesario ver que todas las partes han cometido excesos, Evo Morales fue un presidente que llegó por la vía democrática al poder, que empujó importantes cambios sociales que se tradujeron en crecimiento económico y disminución de la pobreza, pero cometió el exceso de querer eternizarse en el poder, primero reformó la Constitución para acceder a su primera reelección, en la segunda se valió de una interpretación tramposa del Tribunal Constitucional, al argumentar que su primer periodo correspondía a la Constitución anterior, por ende, no se podía contabilizar y en tercer reelección de nuevo el Tribunal Constitucional tuvo una interpretación poco ortodoxa al señalar que Evo podía participar porque la prohibición vulneraba sus derechos políticos. Ello sin contar que Evo convocó a un referéndum sobre su reelección, mismo que perdió y no respetó sus resultados. 

Todos los excesos de Evo, incluida la sospecha de fraude electoral, que si bien no se ha determinado de forma fehaciente, pero tampoco hay elementos suficientes para descartar el mismo, no justifican que el General Williams Kaliman Romero, haya orquestado un golpe de Estado para sacar a Evo del poder. Tampoco facultaba a Jeanine Áñez para autonombrase presidenta, en una sesión del Congreso que ni siquiera contaba con el quorúm necesario.

El gobierno de Evo reprimió de forma violenta protestas pacíficas que tenían un sustento, porque su permanencia en el poder violentaba la Constitución, con o sin fraude, lo grave es que el gobierno de Áñez ha sido peor a la hora de reprimir protestas, incluso tuvo la osadía de emitir un decreto para exonerar a los militares de responsabilidad por el uso de fuerza, ello sin contar la forma despectiva en que se ha referido a los indígenas o el uso constante de signos religiosos.

En la trama de la crisis de Bolivia no hay héroes, ni Evo, Kaliman y Áñez tienen la razón de su lado, todos han cometido excesos y crímenes. Las víctimas son el pueblo de Bolivia, que han tenido que soportar violencia debido al hambre de poder de estos individuos. Por ello, lo mejor para Bolivia es tener un proceso electoral pronto, sin Evo y Áñez, que le permita al país retomar el camino.

victorsanval@gmail.com

@victorsanval