Bono dedicó la canción “Pride (In the name of love)” (1984) a Martin Luther King Jr., mencionando en sus estrofas el “4 de abril, un disparo suena en el cielo de Memphis… se llevaron tu vida (pero) no pudieron llevarse tu orgullo”.

Cuando escuché por primera vez esta canción, mis latidos acompañaron los acordes de U2 y, al reconocer la fecha y el lugar, la conexión fue instantánea: evocaba el último día de vida de uno de los más importantes activistas en favor de los derechos de la comunidad afrodescendiente en los Estados Unidos de América.

Luther King sólo vivió 39 años (15 enero 1929 – 4 abril 1968), pero es indudablemente inmortal por sus actos entre los cuales el discurso pronunciado en el monumento a Lincoln en Washington en 1963, conocido como “I have a Dream”, un sueño que hablaba de libertad, igualdad, en donde a nadie se le pudiera arrancar y robar su dignidad.

El reverendo King mantenía un sueño, porque a pesar de que en la Declaración de Independencia y en la Constitución norteamericana se sostiene que todos los hombres son creados iguales y que tienen derechos inalienables como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, faltaba mucho para lograr su efectividad.

Seguía aplicándose en los años 60 la interpretación de la Corte Suprema del caso “Plessy vs Ferguson” (1896), que llevó a la doctrina de “separados pero iguales”. Además, de acuerdo con las leyes segregacionistas de hace seis décadas, las personas afrodescendientes no podían rentar una habitación de hotel, tener libre acceso a las elecciones, al voto ni contraer matrimonio interracial.

Tenían prohibido estar en los mismos lugares que los blancos: en los vagones de tren, los lugares de recreación, las piscinas, los centros de aseo y los restaurantes. Tampoco tenían opción de asistir a las mismas iglesias o escuelas.

No se les permitía servir en igualdad de condiciones en las Fuerzas Armadas. Sólo podían acceder a ciertos puestos de trabajo y sus remuneraciones eran menores y, lo más grave, su “acceso a la justicia” era parcial o nulo.

Estas injusticias fueron el origen del movimiento encabezado por Martin Luther King, en donde miles de afroamericanos exigieron el respeto a sus derechos con acciones de resistencia civil pacífica, diversas estrategias y litigios como “Smith vs Allright”, “Brown vs Board of Education”, “Browder vs Gayle”, entre otros.

El activista fue acompañado en su movimiento por otras figuras que, si bien no son tan conocidas, sí son muy importantes, más si se trata de mujeres en un momento en que “feminismo”, “empoderamiento”, “equidad de género” o “derecho de cuota” no eran de uso común o no existían como palabras o conceptos.
 
No es posible imaginar este movimiento y el boicot de autobuses en Montgomery sin la negativa de Rosa Parks a ceder su asiento a un hombre blanco, a lo que estaba obligada según las leyes locales.

Ni podemos olvidar la valentía de Recy Taylor, con el coraje para contar su historia de abuso e injusticia, sufrida primero a manos de seis hombres, posteriormente de un jurado. Después de 67 años, recibió las disculpas de un “Estado” (Alabama) que reconoció que le falló en defender y garantizar sus derechos.

Para el profesor Carson, de la Universidad de Stanford, la batalla de Luther King era por conseguir “la justicia social y el respeto a los derechos humanos” y son recordados sus lemas: igualdad racial, libertad y orgullo.

“Un disparo se llevó su vida, pero no su orgullo”, su legado permitió el avance más importante en los últimos tiempos en temas de discriminación.

Bono ha declarado que el mensaje de paz y justicia del reverendo King fue una gran influencia cuando era adolescente: “no sólo era el Sueño Americano”, sino que ha sido y es todavía el sueño de muchas personas. Es el respeto a la dignidad de cada ser humano.

U2 incluyó en su álbum “The Unforgettable Fire” una canción de cuna para honrarlo:  “MLK”. Una melodía breve, pero que toca el alma: “duerme esta noche que tu sueño puede ser realidad”.

El líder de la banda irlandesa siempre eleva su nota B5 para vibrar en los conciertos de U2 y alzar la voz “en el nombre del amor”. Mientras los fantasmas de la discriminación amenazan con regresar y seguimos tratando de construir un mundo mejor… tenemos todavía “un sueño” por cumplir.

yolandacortes@uadec.edu.mx

La autora es investigadora de la Academia IDH.
Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH