“Hay gente que nos quiere robar la tranquilidad con información que ya pasó”, dijo el Gobernador de Coahuila, Rubén Moreira Valdez, a los congregados en torno a dos eventos públicos distintos ocurridos en la Región Sureste durante la semana que hoy concluye.

Las palabras pueden considerarse una declaración aislada, apenas recogidas por la versión estenográfica de un discurso, o pueden verse como lo que realmente son, y aquí cito a Federico Campbell para definirlo: “la verdad del poder, la que promueve el aparato propagandístico del gobierno”.

El Mandatario estatal ventajosamente habló de “información que ya pasó”, no de los acontecimientos explicados en aquél entonces. Como si no se tratase de cosa pública, del acontecer social.

Si bien el ciclo de la noticia termina –cumple su función– en cuanto se difunde, los hechos, por el contrario, aún consumados pueden ser remediables y reparables.

No hay que confundir la gimnasia de la magnesia.

Anteriormente se decía –regularmente al mediodía de una jornada– que no había “nada más viejo que la noticia de la mañana”. Actualmente, en la época de las redes sociales, la noticia de la mañana ya es vieja en la propia mañana. 

¿Deja de ser importante por ello?

El consumidor actual de información en medios electrónicos visualiza las noticias a manera de línea del tiempo. En ese formato unas desplazan a otras, sin importar que sean menos relevantes. 

No hay espacio para el discernimiento y mucho menos para el conocimiento. Para contextualizar: un video de gatitos en Facebook captura la atención que minutos antes tuvo una investigación periodística sobre la Deuda Pública de Coahuila. El fenómeno se trata de libre flujo de información. 

Bajo esa lógica cualquier cosa encajaría en el supuesto de “información que ya pasó” y estaríamos condenados a “tele-ver” y, por consecuencia, a “video-vivir”, como ha definido Giovanni Sartori en su libro “Homo Videns: la sociedad teledirigida”.

Cuestiónese usted mismo a quién y por qué conviene una comunidad así.

Entre la “información que ya pasó”, sin embargo, hay sucesos trascendentales que no merecerían ser olvidados tan fácilmente. Cito un ejemplo: apenas en junio de 2016 la organización Open Society Justice Initiative elaboró un informe denominado “Atrocidades innegables: confrontando crímenes de lesa humanidad en México”. En él, luego de realizar investigaciones in situ en Coahuila, expone un panorama de asesinatos, tortura y desapariciones forzadas en la Entidad entre diciembre de 2006 y diciembre de 2015.

Si la novedad fuese el único elemento a tomar en cuenta en la información, historias como ésas quedarían descartadas y sólo habría espacio para el periodismo banquetero, declarativo, atomizado y superficial. Ojo.

A propósito, Federico Campbell escribió que “mientras mantienen el poder, sus beneficiarios se comportan como historiadores de lo inmediato, irrebatibles”. Su trabajo “consiste en ir construyendo el presente histórico”.

Sin embargo, la información no constituye un fin por sí misma, sino que aporta elementos para que el ciudadano conozca, descarte, analice, calcule, suponga, proponga, combata, proteste, reclame, decida.

Hay que tener cuidado, por tanto, con aquellas invitaciones a descartar “lo que ya pasó”. 

Cortita y al pie

Las palabras del Gobernador, por lo demás, traslucen una intención. Una ideología de clase. La retórica no es muy diferente a lo que declaró Miguel Riquelme siendo Secretario de Gobierno, sobre “darle vuelta a la página” al tema de la Deuda Pública, en 2012. O siendo Alcalde de Torreón, en 2016, refiriéndose a sus críticos como “ciclados” y “monotemáticos”. O “tontos”, como los calificó el diputado priísta de Monclova, Ricardo Saldívar.

La última y nos vamos

Federico Campbell escribió en “La invención del poder” que “los usufructuarios del poder” aspiran a hacer ver que son “creadores de realidad” o, lo que es lo mismo, “la verdad como ellos quieren que sea”.

Tarde o temprano, sin embargo, la verdad del poder se desvanece.
 
@luiscarlosplata