Julio Torri Maynez en su juventud. / Foto: Especial.

El pasado 11 de mayo se cumplió medio siglo sin el gigante de la ficción breve; fecha que para las instituciones de cultura de Saltillo y Coahuila -su ciudad y estado natal- pasaron desapercibidas.
Así como el autor de “Ensayos y poemas” propuso la concisión como supremo recurso estilístico, esbozo estas líneas en su recuerdo.

 

1.-  Fue fundador junto a personajes como Vasconcelos, Antonio Caso y Alfonso Reyes del “Ateneo de la Juventud” -círculo cultural conformado por jóvenes que buscaban romper con la influencia de los precursores positivistas del porfiriato. El Ateneo llegó a tener más de un centenar de miembros, de entre los cuales emergieron personalidades que serían decisivas para la conformación cultural  de nuestro país en las siguientes décadas.

2.- De su maestro, el dominicano Pedro Henríquez Ureña (1884-1946) -formador también posteriormente en otros exilios de autores como el argentino Ernesto Sabato- Torri rescató la idea de buscar en la propia escritura la “diafanidad y la precisión”. Una calle en nuestra ciudad recuerda al fundador del Ateneo: en la colonia Satélite Sur, con una errata atroz su nomenclatura: Enrique Ureña.

Hacia finales de los 50 como profesor de literatura en la UNAM.

3.- La primera traducción a “Vidas imaginarias” por Rafael Cabrera (1922) -miembro también del Ateneo- fue por una recomendación de Torri, uno de los primeros lectores de Schwob en su lengua original. A partir de ahí, la impronta del autor judío francés sería una presencia constante en nuestra literatura: desde Arreola hasta Monterroso, desde Pacheco hasta Borges.

4.- En el lugar donde a mediados de los 90 moró la Librería Julio Torri (a escasos pasos de donde se supone que fuera su casa natal sobre la calle de Victoria; ahí donde topa la bajada de Morelos, hoy reina esa nueva forma de gentrificación tan saltillense: un estacionamiento, una zapatería.

5.- La Biblioteca personal del escritor, por esas extrañas equivocaciones y desdenes (así como la inmensa biblioteca que poco antes de morir el escritor Gustavo Sainz donó a la Red de Bibliotecas de Coahuila y también se perdió porque “nunca llegaron los tráilers que la iban a recoger) decíamos, la biblioteca personal del autor de “La literatura española”(1952); de la que se contaban algunas leyendas, como aquella donde existían verdaderas rarezas: un tomo empastado en piel humana o aquel otro tomo autógrafo de Nervo, forrado con el vestido nupcial de la madre del prosista saltillense, fue desdeñada en su tiempo y por los caprichos del azar se encuentra actualmente como parte del acervo de la Biblioteca Pública Central del Estado de Tabasco.

6.- Es ya lugar común decir que ciertos textos de “Ensayos y poemas”(1917) y “De fusilamientos” (1940) para muchos anticipan, además del género de la minificción, junto a ciertos textos de su contemporáneo Reyes, el hoy tan estudiado y practicado género de lo fantástico. Para Pacheco esta afirmación tiene una acotación. No la empiezan Torri ni Reyes, sino un extraño cuento de Amado Nervo: La última guerra (1906).

El ex-monumento a Torri en la plaza del mismo nombre junto al Congreso de Coahuila. / Foto: Alejandro Pérez Cervantes

7.- También de su maestro Henriquez Ureña recupera una vocación que para el dominicano iría íntimamente ligada a la del autor: la del divulgador. Así se formarían Borges y Novo y otros autores mexicanos como Cossío Villegas. Hay, además, una vertiente política, íntima; ante el golpe contra Madero, el 10 de agosto de 1914 le escribe también a su mentor: “Tengo náuseas horribles. Se han descubierto crímenes atroces de Huerta. Nada puede superar en bajeza y maldad a una tiranía militar. En fin, Pedro, que tenemos los ojos cansados de espectáculos repugnantes.”


8. En la última década de su vida, testimonios de sus alumnos -como el de Huberto Batis, su alumno en la clase de Español Superior en Filosofía y Letras- lo pintan como profesor en las cátedras de la UNAM como un docente difuso e irregular.

 

9.-  Sin embargo, casi nadie recuerda que los famosos “clásicos verdes” que educaron a tantos decenas de miles en tiempos de la cruzada de Vasconcelos, fueron fruto del trabajo editorial del saltillense. O, que a raíz de la traducción de Efrén Rebolledo a Las Intenciones, de Wilde, el saltillense adoptaría como seudónimo para sus reseñas literarias, y como homenaje al autor irlandés, el apelativo de Mr. Bunbury.

 

10. La Plaza Julio Torri, expropiada para integrarse a los espacios del nuevo edificio del Congreso de Coahuila, donde se situaba una plataforma con un busto de bronce que conmemoraba al autor de  “De fusilamientos” desde hace años se perdió con todo y las letras de su breve nombre. El único recuerdo público de Torri en Saltillo desapareció. Arrasado por esa modernidad que, paradójicamente, en palabras del estudioso francés Serge I. Zaïtzeff, signa su mayor mérito:
“La modernidad en Torri se encuentra en su capacidad para mezclar diversos géneros, y abandonar el dogmatismo que establece “esto es un poema, aquello un cuento”: esta confusión deliberada ha sido fundamental en la obra de escritores posteriores, no sólo en México, sino en Latinoamérica”.

alejandroperezcervantes@hotmail.com
Twitter: @perezcervantes7

Alejandro Pérez Cervantes

Alejandro Pérez Cervantes

Es periodista cultural y escritor. Doctor en Arte y Teoría Crítica y Maestro en diseño editorial por la Universidad de Monterrey. Es Colaborador de medios como Día Siete, Sin embargo, Replicante, La Jornada, Nexos, Literal y Relatos e historias. Premio Nacional de Cuento Julio Torri 2007 con Murania, autor del libro de textos periodísticos El muro y la grieta y el libro de ensayos sobre fotografía Los estatutos de la mirada. Profesor Investigador en la Universidad Autónoma de Coahuila y coordinador de estudios literarios en la Universidad Iberoamericana Campus Saltillo, ha sido curador de proyectos sobre fotografía documental. Su novela Lengua de plata, de próxima aparición, fue finalista del Premio Internacional de Novela Lipp en el año 2017.