El presidente López Obrador argumenta que la paz puede lograrse sin recurrir al uso de la violencia. En contrapartida, la cifra de homicidios está alcanzando su máximo histórico y, hace apenas unos meses, personas y organismos internacionales criticaban la decisión presidencial de sostener la militarización de la seguridad pública. El Ejecutivo defendió que el Ejército permaneciera en las calles; incluso se dio marcha atrás a la presunción de inocencia y se resucitó la prisión preventiva. Regresamos a la culpabilidad del sujeto hasta que demuestre lo contrario.

Entre los opositores al gobierno de Morena alcanzo a divisar dos grupos distintos. Su protagonismo creció a partir del fallido operativo de Culiacán y del asesinato de niños y mujeres de la familia LeBaron en Sonora. Por un lado, se encuentran quienes exigen mano dura contra el crimen organizado, sin importar que en realidad la estrategia sigue siendo la misma, o sea la de la mano dura que piden. Podemos alinear en ese grupo a Felipe Calderón y a sus seguidores. Por el otro, están los que acusan al Gobierno exactamente de lo contrario. Entre ellos, la figura más visible es Javier Sicilia. Exige que cese la violencia y se asuma una auténtica estrategia por la paz.

El Presidente sostiene que su estrategia es de paz a pesar de que está siguiendo exactamente la misma que sus antecesores. Basta revisar los periódicos de hace 8 meses. Mientras unos lo señalan como muy violento; otros lo critican por su iluso pacifismo. Ambos se enganchan en un debate burlón del “fuchi guacala” presidencial o de su amenaza a los delincuentes de acusarlos con sus mamacitas si siguen haciendo de las suyas. Explica el grado de violencia diciendo que los delincuentes matan porque están drogados, y aprovechó el operativo fallido de Culiacán y la superioridad táctica del crimen organizado para defender su aparente pacifismo.

¿A quién hemos de creer? ¿Para usted cuál es la estrategia de López Obrador frente al crimen? a) la misma de siempre, como sostiene Sicilia; b) la de un pacifismo iluso como afirma Calderón; c) la de “fuchi guacala” del discurso; o d) la de las armas y la fuerza que vemos en las calles.

Evidentemente cada uno de estos actores tiene su propia visión del problema. El Presidente, de hecho, parece tener dos: una pública para entretener a sus opositores de un lado y minimizar a los del otro; y otra más práctica para lograr controlar al tigre de la única forma que su limitada capacidad le permite entender, y para congraciarse con el ala dura de la seguridad nacional.

Esta época nos toca vivir con demasiada información para procesar, con demasiados frentes para reaccionar como ciudadanos. No llegamos ni a la mitad de la discusión sobre seguridad cuando ya estamos metidos en temas de economía y empleo, para de inmediato pasar a la pobreza y salir de repente con el beisbol. Mientras se siga apostando a la estrategia que no dio resultados, los policías municipales, los que lidian con el problemita en el día a día, no cuentan con los recursos humanos y financieros necesarios para actuar con eficacia y eficiencia.

@chuyramirezr
Jesús Ramírez Rangel
Rebasando por la Derecha