Las personas autoritarias, usted lo sabe, ven enemigos en todos lados y todas partes. Ellos y sólo ellos, son los buenos, castos, honestos, puros y siempre, siempre saben lo que a todos conviene por ser “buenos.” Por eso son autoritarios y tratan de imponer sus erráticos criterios los cuales conducen invariablemente a tropezar. Conducen al yerro. El tropiezo hoy, ha costado más de 60 mil muertos y contando. Andrés Manuel López Obrador y san Hugo López-Gatell tienen al país de rodillas con sus erráticas acciones. O la ineficacia de ellas. AMLO se ha hecho un egocéntrico recalcitrante, agréguele usted su infantilismo moral (chairos contra fifís, en su lenguaje trasnochado; así hablaba mi abuelita) y el cóctel explosivo está servido.

Entre marzo y abril, la Secretaría de Salud Federal calculaba las muertes por COVID-19 entre 8 y 12 mil personas en México. Vamos en 60 y tantos mil muertos y esto no tiene visos de que cambie. Si no hacen pruebas, nada va a cambiar. El bicho va a seguir vivo y estable y va a morder a todo mundo. AMLO, acorralado en su ignorancia y tozudez, dice una y otra vez que la curva de contagios y muertes se ha aplanado. En su imaginación. Para luego recular con una frase trillada y huera: “Nos duele mucho, nos parte el alma…”, la muerte de miles de mexicanos por el coronavirus (domingo 9 de agosto. El alma no siente, al menos en su caso. No hace ni quiere hacer lo correcto. Ni lo va hacer).

Muchos lectores, como usted hoy el cual lee estas letras, me han comentado lo siguiente: poco a poco o de plano, de un tajo, dejar de lado la maldita pandemia la cual nos tiene paralizados y encarcelados en nuestra casa (aquello que decían los magos del coaching, de la superación personal y de formación de valores, lo que eso signifique, se ha cumplido y nadie dice nada y menos se defienden: recomendaban chabacanamente “no estés atado a tu celular”, “no te lleves la oficina a tu casa y a tu cama, olvídate del trabajo cuando entres a tu residencia”, “apaga tu celular y apaga tu ordenador personal el fin de semana y sal a pasear con tu familia al parque…”), casa la cual lo mismo sirve como oficina, empresa, escuela, gimnasio, merendero, parque de diversiones, motel de fin de semana, restaurante… Puf.

Atentos lectores me han pedido que deje de lado un tanto la información y análisis de la pandemia generada en un laboratorio chino, y que mejor me dedique a hablar de eso lo cual bulle o debería de hervir en cada ser humano: la vida. Hablar de la vida. Tienen razón. No pocos humanos a mi alrededor están enfermando del corazón y de salud mental. Las semanas pasan, los meses pasan y esto no tiene visos de terminar. La frase se ha vuelto ubicua: “Deja que nada más pase la pandemia…” En muchas variantes, entre ellas: “Tenía tantas cosas planeadas y por hacer y con esto de la pandemia, pues…” Tengo una mala noticia: la pandemia va a seguir. Con vacuna o sin ella. Amén de lo anterior, la salud mental se ha deteriorado a pasos de gigante. Conozco al menos a tres personas cercanas las cuales no piensan salir de sus aposentos. 

ESQUINA-BAJAN

Al parecer a esto se le llama el “Síndrome de la Cabaña”. Y nadie, nadie quiere aventurarse al bosque oscuro y espeso llamado vida. Gente como usted que hoy me lee, me han pedido que hable menos de la pandemia y de las erráticas medidas tomadas por AMLO y su equipo de cuates y mejor hable de la vida y sus avatares. Entre estos, los episodios de este escritor en los famosos tables dances regios. Para desgracia mía, hoy cerrados. Lectores me han pedido una y otra vez que hable de ese camino llamado vida. Les doy la razón. Y hablar del camino es hablar de múltiples bifurcaciones, veredas, atajos y senderos los cuales podemos y debemos andar.

¿Hay un sólo camino bueno y recto? Eso es ser dogmático y para dogmáticos, con Andrés Manuel López Obrador tenemos. Hay tantos caminos buenos, rectos y bien determinados, como seres humanos hay dispuestos a andarlos. ¿Por dónde andar, por dónde transitar? Como siempre es un poeta el que nos clarifica el camino, precisamente: “A cada kilómetro, cada año/ viejos muy limitados/ señalan a los niños el camino/ con un gesto de cemento armado”. Versos poderosos del escritor francés Jacques Prévert. Usted y nadie más le va a enseñar a los niños, a los jóvenes el verdadero camino por el cual habrán de transitar. Usted y nadie más le va a enseñar a todo mundo los cursos de dichas vías y sus derroteros.

Y claro, cuando hablamos de caminos y seguir alguna ruta, surge aquella invitación en la Biblia: “Ven, sé mi seguidor.” Es la invitación del maestro Jesucristo en voz de los evangelistas, Mateo, Lucas y Juan. ¿Tiene usted sed y está cansado de este maldito bicho y el confinamiento? Pues vaya a beber del manantial de agua o vino que es Dios y Jesús (Juan 7:37). Con la pandemia ha surgido una parálisis brutal. El dejar hacer, el dejar que pase la pandemia para… No. Usted debe de tomar las riendas de su vida y eso de dejar pasar o pensar una y otra vez que hay que retomar todo cuando acabe la pandemia, debe de desecharlo. No más.

¿Tiene usted miedo al contagio? Imagino sí. Todos tenemos miedo, pero el miedo ha paralizado y sigue paralizando a cientos y miles en el mundo. Y recuerde usted que no hay otra vida. Es ésta y ni una más. Disfrute usted esta vida y trate de vivirlo y gozarlo todo. Por un sencillo motivo: todo se acaba. De hecho, muchas cosas ya se acabaron y hoy, los niños y jóvenes enchufados a Internet “full time”, ni idea tienen ni van tener de lo que fue un circo, una buena tocada de rock, un monólogo de teatro, una lectura pública de Mario Vargas Llosa, una firma de autógrafos de Tomás Eloy Martínez…

LETRAS MINÚSCULAS

Sin duda, es mejor hablar de la vida y claro, vivirla.