La vida se ha degradado a niveles nunca antes vistos ni padecidos. Jamás. Todo tiempo pasado fue mejor, dice el conocido axioma. Hoy es aforismo afortunado y claro, se cumple a la perfección. La vida cotidiana se ha empequeñecido, se ha hecho miserable y pobre. La vida se ha lumpenizado con la llegada de la maldita pandemia china. Estoy preparando para usted una larga saga de textos al respecto los cuales tentativamente se van a llamar “Daño profundo”.

La tesis es sencilla y creo, usted ya la ha pensado más de una vez: la pandemia trajo muerte y desolación, es lo más importante, voy de acuerdo, pero los muertos, muertos están (Mateo 8:22). Los pocos o muchos los cuales aún estamos vivos, señor lector, debemos de enmendar todo lo miserable lo cual nos afecta. Debemos de reflexionar grandemente sobre los hechos los cuales nos tienen de rodillas y sí, tomar una decisión al respecto. Los muertos,  vuelvo a la Biblia, específicamente el Eclesiastés 9:5, “nada saben”. Es decir, aquello de “los muertos entierren a sus muertos”. Pero nosotros los vivos, bueno, medio vivos, debemos de empujar sin pausa y sin descanso, una carreta hacia mejor puerto. 

El daño usted lo ha visto y sentido, es más profundo de lo cual se aprecia a simple vista. El daño es profundo y acaso, irrecuperable en varias generaciones y en muchos aspectos de la vida cotidiana. El daño psicológico va para largo. El daño educativo va a ser piedra de escándalo ante la ignorancia la cual ya presumen las nuevas generaciones. Ya no educan Televisa ni TV Azteca, ahora todo mundo es hijo de las redes sociales y de Netflix. Ya no hay librerías. Ya no hay museos abiertos. Ya no hay conciertos, ya no hay teatro, los cines están empezando a quebrar, buenos bares y restaurantes ya quebraron o están a punto de hacerlo. No hay ópera, no hay…

El daño es profundo, más profundo a la economía y a la terrible mortalidad la cual nos tiene de rodillas. Hubo un tiempo en el cual en la televisión mexicana, los monólogos los hacían Juan José Arreola y el Nobel mexicano, Octavio Paz. Luego las peroratas las soltaban Adal Ramones y Adela Micha. Hoy el monopolio es de Netflix y sus series sobre narcos mexicanos. Así las cosas en la “educación” de las nuevas generaciones. Rápido ejemplo al azar y aquí en el vecindario: en Monterrey y en su mejor momento, llegaron a existir entre 35/40 librerías en su mancha urbana.

Hoy en Monterrey hay sólo tres o cuatro librerías sobrevivientes. Lejos quedaron los tiempos de las famosas “Librerías Castillo”, “Bronte”, “Del Bachiller”, “Cosmos”, “Del Maestro”, “Letralia” y un largo etcétera. Aquí en el pueblo de Saltillo no hay librería abierta alguna. ¿Lo ha notado? Ya ciertos títulos de ciertos autores no hay en el mercado. Las librerías han quebrado ha puños, las pocas sobrevivientes no pagan sus deudas a las editoriales y las editoriales no tienen flujo de dinero para volver a editar libros agotados.

ESQUINA-BAJAN

Claro, usted lo sabe: Andrés Manuel López Obrador y su corte de claques, nos quieren grifos y pendejos. Lo están logrando. Las librerías, las editoriales y las bibliotecas, son una “actividad no esencial” en el negro panorama de la actividad comercial y de esparcimiento en México: están cerradas. Los datos de la Caniem son brutales: el año pasado se vendieron apenas 89 millones de libros en el País. En el último censo nacional, arrojó: somos más de 126 millones de mexicanos. La venta de estos libros incluye eso llamado libros obligados o de texto. A cualquier nivel escolar. ¿Cuántos de estos 89 millones de ejemplares de verdad se leyeron? ¿Por qué la gente no compra en línea, con esa “maravilla” llamada internet? Porque a nadie le interesa. La gente quiere Netflix y hacer “memes”, no leer.

Por estos días de publicación de esta columna en este generoso espacio de VANGUARDIA, serían las fechas de realización de la Feria del Libro del Palacio de Minería de la ciudad de México (bajo el cobijo de la UNAM). Feria en la cual he participado para fortuna mía, como autor, comentarista de libros, reportero y claro, como simple comprador de libros. Le voy a dar las cifras actuales, las comparamos con las del año pasado, todo con el fin de lograr en usted el espanto, el temor, el miedo, la angustia y enojo lo cual provoca saber lo siguiente: en la edición 2020, la cual fue la última de las ferias del libro en México, antes de la llegada del bacilo asesino, se tuvieron alrededor de mil 300 actividades dentro de la FIL Minería. En esta edición, 2021, hubo… 60 actividades ya grabadas.

El año pasado, dicha feria tuvo un presupuesto de 12 millones de pesos. En esta edición, la número 42, tuvo un presupuesto de… 500 mil pesos. Y lo duro y alarmante, lo terrorífico: no hubo la venta de un sólo libro. Nada. Cero. Lo anterior lo expresó en entrevista su director, Fernando Macotela (17 de febrero). Pendejos, el gobierno de AMLO nos quiere ignorantes y pendejos. Lo está logrando poco a poco. Y nadie dice nada. Nadie protesta. El daño es profundo y brutal en aspectos fundamentales para el ser humano, como lo es precisamente en su formación y columna vertebral de conocimientos, lecturas e inteligencia. Eso a lo cual llamamos humanidad, ser humanos y tener al menos un mínimo de valores, criterios y doctrinas.

Para Octavio Paz, los hombres “…son la espuma de la tierra,/ la flor del llanto, el fruto de la sangre,/ el pan de la palabra, el vino de los cantos,/ la sal de la alegría, la almendra del silencio”. Lo anterior en uno de sus poemas épicos y señeros arracimados en “Bajo tu clara sombra”.

LETRAS MINÚSCULAS

Hoy nuestra composición son “mañaneras”, ignorancia, Netflix, “democracia participativa” desde el mullido sillón pulsando un botón del celular, “memes”… la estulticia total. La imbecilidad.