El poeta Virgilio dejó para la humanidad una obra zurcida en oro y bruñida con plata, su ‘Eneida’ es una epopeya primigenia y una obra obligada para los amantes de las letras

Vida quisiera uno para acometer tantas y grandes lecturas siempre pendientes en nuestra existencia. Vida quisiera uno para, morosamente, leer y releer aquellos textos fundacionales en la historia de la humanidad, por lo cual uno es considerado humano. Los libros que se apilan polvosos en nuestra biblioteca y los cuales aún no han sido leídos, son un proyecto de vida. Por ello hay que seguir comprando libros y tenerlos listos para cuando llegue el momento, sentarse a leerlos, disfrutarlos, analizarlos, paladearlos. ¿Nos va alcanzar la vida? No lo sé, por ello un libro no leído en nuestro anaquel es eso: un proyecto de lectura y de vida por delante.

Por estos días acometo la lectura del divino Virgilio (Publio Virgilio Marón), poeta latino grande entre los grandes, el cual vivió entre los humanos en los lustros de los años 50 a. de C. Al parecer, vivió alrededor de 50 años. No más. Y caray, a los 50 años este rapsoda ya había dejado para la eternidad una obra zurcida en oro y bruñida con plata. Joyas son sus “Églogas” y “Geórgicas”, pero está inscrito en la historia del mundo por la “Eneida”, poema épico en 12 libros donde retoma de la “Ilíada” de Homero, a un personaje, digamos, menor: “Eneas” (el último de los troyanos y el primero de los romanos), sobre el cual, usted lo sabe, se funda Roma. Epopeya con trozos morales, guerreros, fundacionales vaya, que lo hacen diferente al texto de Homero, pero deudor en su prototipo y estructura.    

“La única esperanza de los vencidos es no tener ninguna”, se lee en unos versos de su Libro III. Tengo dos ediciones de la “Eneida”, pero estas son en prosa. Debo de tener –lo juro–, la edición en verso, pero no la encuentro por ningún lado en mi desordenada biblioteca. Lo que sí he encontrado es un libro el cual no recordaba: “Tiempo y Eternidad en Virgilio”, editado por la UNAM, texto ni más ni menos que de don Rubén Bonifaz Nuño, quien, usted lo sabe, tradujo del latín y griego por igual. El libro es una aplanadora de pensamiento, y el poeta traduce directo del texto latino y en suaves y poderosos versos. ¿Qué se obtiene de este tipo de lecturas y de obras primigenias? Todo. Lo que usted le “pregunte” al libro, al poema, es lo que le va a “contestar”. Sí, es como la Biblia o el Corán. Así de sencillo. 

¿Usted es de los que leen libros de superación personal, donde una y otra vez se recomienda dejar atrás el pasado y ver, gozoso, un futuro que precisamente es eso, nada? El futuro, usted lo sabe, no existe, es deseo, desiderata. Estos libros que se redactan como recetas de cocina fácil, un tanto primitivos, recomiendan dejar atrás lastres para abrirse a un nuevo futuro y comienzo. 

ESQUINA-BAJAN

Mejor lea usted la “Eneida” y el poder de sus versos. Vea y lea usted cómo se debate en su fuero interno Eneas, al tratar de evitar lo inevitable, ser llamado por los dioses para fundar una nueva patria, una nueva ciudad. No quedarse en el regodeo insano de su proclividad al dolor (Aquiles, el de los pies alados, había arrasado con Troya y su querido hijo, el domador de caballos, Héctor), deseando la muerte junto con sus paisanos. Los dioses le instan a cumplir con su encargo, no obstante que éste tiene a su paso una serie de contratiempos y tentaciones como todo buen héroe. Pero lo fundamental, y en esta arista, es que Eneas debe de dejar atrás un pasado de rabia, insania y dolor, incluyendo una esposa, para fundar para él y los suyos un nuevo Estado, una nueva patria: Roma.

Pues no, como humano, Eneas se resiste a ello. No obstante escuchar una y otra vez las palabras de Creusa, éste quiere seguir atado al pasado, volver atrás, morir de ser posible. Eneas no quiere enfrentar su nuevo futuro, reto y destino. En muchas ocasiones es más fácil morir, quedarse enlazado con el ayer, que explorar y enfrentar un futuro. Así lo cuenta Eneas en el Libro II en sus versos 790-794: “Cuando estos dichos dio, a mí que lloraba y muchas cosas quería / decir, me abandonó, y hacia las tenues auras partióse. / Tres veces, allí intenté dar los brazos en torno a su cuello; tres veces, asida en vano, huyó de mis manos la imagen / par de los leves vientos, similísima al sueño volátil”. ¿Ya lo notó? 

No hay ninguna diferencia con ese héroe bíblico llamado Moisés, el que va a tierra prometida por los dioses, como Eneas. 

Esta es una arista de innumerables claves en la cual se puede leer la “Eneida” del divino Virgilio. Dejo para próxima columna y charla sabatina con usted en este “Café Montaigne” la arista gastronómica. Al tocar tierra en una de sus andanzas, en la arena y playa de Libia, Eneas, de arco ligero y “veloces flechas” da muerte a siete ciervos de “ramosas cornamentas”. Los reparte en igual número de naves y distribuye de la misma manera los “vinos con que el generoso héroe Acestes cargó las bodegas de sus barcos al despedirlos en las playas de Sicilia”. Aquello fue un banquete de proporciones épicas.

LETRAS MINÚSCULAS

Consagrado a la poesía y polución de sus ideas, Virgilio era siempre invitado ausente a los fastos y convites en palacio. Así murió, de pie y digno.