América Latina es y ha sido tierra de dictadores carismáticos, fuertes, populares, populistas y atractivos. La popularidad fundamenta la ilegalidad, luego llegará la locura

Un sociólogo alemán, hoy en el arcón del olvido, Max Weber, a principios del Siglo 20 distinguía tres tipos de legitimidades en aquel líder, en aquel hombre de poder que manda: la primera se basa en el poder irracional, incontrastado e inmediato de un individuo. Un cacique. Un tirano, pues. El segundo tipo de legitimidad se asienta en los usos y costumbres sancionados por el tiempo. La tercera legitimidad es la legalidad racional; es decir, el poder que emana de las leyes y los procesos democráticos.

Para usted, señor lector, ¿cuál de estas tres formas propuestas por Weber cree usted que se pone en práctica en Coahuila, en México y en América Latina? ¿Cuál de estas tres formas de gobierno cree usted que actualmente rige en los Estados Unidos, nuestros vecinos incómodos? Esta América Latina nuestra es y ha sido tierra de carismáticos, fuertes, populares, populistas y atractivos, no sólo América, sino el mundo entero ha estado plagado de estos en el devenir de la historia. Dos ejemplos paradigmáticos al respecto: Adolf Hitler y Benito Mussolini a escala mundial; en el plano regional dos más: Fidel Castro y Hugo Chávez. Ambos parlando en la eternidad. 

La historia y la ficción se funden para crear engendros de novela o de realidad, según sea el enfoque que se les quiera dar. La estirpe es larga y sólo mencionaré a algunos ilustres antecesores de una familia que hoy nos va a detener. Rosas en Argentina, el doctor Francia en Paraguay, Santa Anna en México, Juan Vicente Gómez en Venezuela, Trujillo en República Dominicana, Peñaranda en Bolivia. 

La popularidad fundamenta la ilegalidad, luego llegará la locura. El dictador dominicano Trujillo nombró a su pequeño hijo Radamés, General y quiso canonizar a su madre. Maximiliano Hernández, amén de dictador de El Salvador, fue teósofo y cultivador de orquídeas y claro, ejecutó de un golpe a 30 mil campesinos.

Cuenta el mexicano universal, Carlos Fuentes, en su libro “Valiente Mundo Nuevo”, que en los años 40 del siglo pasado, cuando el general Enrique Peñaranda fue dictador de Bolivia, la madre de éste le espetó lo siguiente a un reportero que la entrevistó: “De haber sabido que mi hijo llegaría a Presidente, le hubiera enseñado a leer y escribir”. Estos y no otros son los presidentes en América. Y en Nicaragua, siguiendo a este tipo no de presidentes, sino de tiranos encimados en el poder, está la familia del otrora revolucionario Daniel Ortega. Y claro, usted lo sabe, el presidente es Ortega y la vicepresidenta es… su esposa, Rosario Murillo. En medio, entrampado y condenado por un juez a pagar 800 mil dólares, el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal. 

ESQUINA-BAJAN
La “justicia” nicaragüense condenó al poeta Cardenal a pagar esta cuantiosa suma de dinero, por daños y perjuicios en contra de Arcia Mayorga, quien se ostenta como la dueña de unos terrenos en el archipiélago llamado de Solentiname, donde el maestro Cardenal fundó una comunidad de pescadores, campesinos y artistas primitivistas que en la década de los años 80 y 90 del siglo pasado recibió apoyo de Alemania para construir una biblioteca y una escuela para los campesinos y pescadores. Aquí el poeta Ernesto Cardenal escribió “El Evangelio de Solentiname” (1975). Hoy, la justicia nica hace meses le reclama el pago de 800 mil dólares por el pleito inmobiliario.

A todas luces, es un fallo judicial y un pleito basado en la inquina y el odio. Más político que legal. Más enfocado en perjudicar al escritor y su libertad de expresión, que en zanjar dividendos y controversias de terrenos. El maestro Cardenal vive en Managua, Nicaragua, en la misma casa suya de hace 40 años. Un vecino suyo es nada menos que Sergio Ramírez, el también escritor y político que fue vicepresidente de Nicaragua entre 1985 y 1990. Cuenta en una bella postal que se cruzó de calle y fue a decirle al maestro Cardenal, que su casa estaba abierta para el poeta y sus libros, si es que acaso los jueces cebados en la avaricia y el desdoro, le dejan intacta su biblioteca y sólo osan emprender despojarlo de su casa. Una casa con apenas lo necesario para vivir dignamente.
Ernesto Cardenal se opuso los 40 años que duró en el poder la familia del dictador Anastasio Somoza. 

Luego llegaría la Revolución sandinista, que posteriormente se podriría. El poeta entonces se convirtió en una de las voces más críticas en contra de la manera de gobernar del General Daniel Ortega, quien desde su nueva llegada al poder, 2007, ha venido instaurando una especie de dinastía familiar (igual que Somoza, pues) en el poder político. Su esposa, Rosario Murillo ya es vicepresidenta. Así las cosas. El poeta es grande para pelear este tipo de guerras políticas. Tiene 92 años, por lo cual urge protegerlo de semejante infamia. Infamia que no es ajena a como se manejan las autoridades políticas lo mismo en México, Cuba o Brasil.

LETRAS MINÚSCULAS
¿No sería muy conveniente enseñarles a leer y escribir a nuestros gobernantes, como al ahijado Riquelme, antes de que juren el cargo de caciques?