La Dictadura Perfecta, es el título de una película de Luis Estrada, que protagonizó el ahora Diputado Sergio Mayer. La película estuvo en cartelera después de la muy taquillera Ley de Herodes y del El Infierno, protagonizadas por Damián Alcázar.

Estos filmes son muestras de humor ácido y agudeza que revelan la gran capacidad de ciertos directores mexicanos para producir cintas que apelan a la conciencia de los ciudadanos acerca de asuntos políticos. Las películas que menciono critican con gran tino al sistema político mexicano. Y a nuestra peculiar “cultura” política. ¿Cómo olvidar esos personajes, en especial a Varguitas, que satirizan sin piedad nuestro sistema político? 

Como era de esperarse, los gobiernos de Zedillo, Calderón y Peña Nieto se dolieron, no les cayó nada en gracia que las salas de cine se llenaran de un público que reía a carcajadas a costillas de sus dislates y fracasos. Poco pudieron hacer para detener su éxito en taquilla y contra el saldo de enojo, burla y descrédito que más tarde se reflejó en las urnas. Los actores, directores y productores de esas películas son muy cercanos al gobierno de López Obrador. Sergio Mayer es diputado federal por Morena, preside la Comisión de Cultura.

La Dictadura Perfecta narra la historia de la “caja china”, estrategia de distracción a la que recurren los gobiernos cuando se encuentran con algún gran problema que puede repercutir en su gestión, de esos que echan para abajo su aprobación entre la ciudadanía. La distracción como recurso de emergencia para que pronto pase al olvido aquel problema, error o catástrofe. Desde luego que no es una estrategia exclusivamente mexicana, pero en nuestro país, la clase política ha sabido perfeccionarla con verdadero virtuosismo y con la anuente complicidad del duopolio televisivo y de una inmensa mayoría de la prensa escrita. 

¿Cómo apelar hoy a “la caja china”? La Ciudad de México, en su centralidad, visibiliza enormemente lo que en ella sucede. Los asesinatos y las innumerables amenazas y desapariciones perpetradas contra activistas y defensores del territorio permanecen en la sombra, sólo porque suceden en pueblos, selvas y desiertos; no fue así en la catástrofe ocurrida en la Línea Dorada del Sistema de Transporte Colectivo Metro que, hasta el momento ha costado 26 fallecimientos y 79 lesionados en la estación Olivos de la Línea 12.

Ni para donde voltear, ni a quien responsabilizar, la principal habilidad del actual Gobierno se topa con pared. La millonaria obra arrancó en la administración de Marcelo Ebrard, y sus sucesores, Mancera y Sheinbaum poco se ocuparon de darle mantenimiento. No sólo a la Línea 12, sino al Metro todo. Para no variar, lo urgente relega en el olvido a lo importante. Tres años de austericidio presupuestal de López Obrador, le pasan factura.

La Línea 12 ha estado sumida en el escándalo desde tiempo atrás y en dos vertientes: Primero la corrupción con los consentidos de Ebrard que saltó a la vista en un sobreprecio enorme de la obra, su costo original de 17 mil 500 millones, acabó en 26 mil millones y, con el tiempo se le sumaron otros 745 millones de sobreprecio. ¿Beneficiarios? Un consorcio constructor integrado por ICA, Alstom y Carso, la constructora de Carlos Slim. Dos; la clase de vagones, el tipo de vías y llantas, que resultaron incompatibles con el resto de la red. Numerosos expertos hicieron señalamientos y formularon críticas, alertando que podría suceder lo que finalmente aconteció. Ebrard se vio en la necesidad de desaparecer durante seis años en París, esperando que pasara la tormenta. Finalmente regresó para sumarse al equipo de la 4T. Pero la Línea 12 volvió por él.

Ante la tragedia es de esperarse la empatía del Presidente hacia las víctimas. El pueblo puso el ejemplo, como siempre, corrió hacia los vagones para prestar auxilio. Uno espera que el titular del Ejecutivo visite a los deudos, se ponga del lado de las víctimas. Pero no, a estas alturas sabemos que el Presidente se disgusta cuando le quitan el foco de atención, nada ni nadie puede estar por encima de él y de sus prioridades. 

La tragedia en la Línea 12 parece un jaque mate para Ebrard y Sheinbaum, los dos principales tiradores para suceder a López Obrador en 2024, la catástrofe los perseguirá en lo que resta de su vida política. Pero López Obrador piensa distinto, apuesta a la “caja china” versión 4T. Para eso está la mañanera, para soslayar la empatía y el apoyo hacia las víctimas. Importa que la sociedad olvide la tragedia y regrese su atención al Presidente. Mejor pleitear con Estados Unidos, acusarlos de injerencista por apoyar a Mexicanos Unidos Contra la Corrupción y la Impunidad, que años atrás fueron aliados al desnudar la estafa maestra, pero se convierten en adversarios porque critican al actual gobierno. 

Importa crear un problema que nos haga olvidar la tragedia en la que perdieron la vida jóvenes novios que pronto se habían de casar, el esposo que iba camino a casa, el albañil que iba rumbo a su casa en Valle de Chalco tras un largo día de trabajo. Un pleito inventado en la caja china de la transformación de cuarta.


Jesús Ramírez Rangel 
Regresando a las Fuentes