No debiera ser posible, pero lo es. El Instituto Nacional Electoral, el INE, por su incapacidad y desorganización, tiene en vilo la elección de gobernador en nuestro estado, y con ello la voluntad de los electores que decidieron ir a las casillas el primer domingo del pasado junio.

De nada sirvió la reforma electoral, la llamada reforma definitiva de nuestro marco jurídico, que acabó con el IFE y dio paso a la nueva institución que tanta expectativa generó para llevar a buen puerto los procesos eleccionarios en nuestro país.

El INE no tiene ni pies ni cabeza. En el caso de Coahuila no solo está afectando al candidato ganador. Está afectando principalmente a quienes con su decisión hicieron mayoría para definir la elección.

Es inaceptable que sea el propio INE quien fomente su debilidad institucional trastocando la normatividad que rige su funcionamiento y el ejercicio de sus responsabilidades. El INE viola los tiempos establecidos para emitir sus resoluciones y con ello incentiva las presiones contra sus propias decisiones.

No hay ninguna justificación para que un hombre tan sólidamente formado en el estudio de las instituciones electorales, como lo es Lorenzo Córdova Vianello, por cierto hijo de Arnaldo Córdova, destacado historiador, no pueda llevar con buen tino las riendas del ente electoral.

Llevar la decisión final de la calificación de la elección de nuestro estado, ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en un clima de encono partidista, no es el mejor entorno para actuar de manera autónoma.

En estos casos es válido señalar que no todas las reformas son buenas por sí solas. Haber desaparecido los institutos estatales electorales, con su naturaleza anterior, dejó en manos concentradas, en este caso del INE, con un complejo sistema de competencias y facultades, validaciones que bien pudieran, y debieran hacerse dentro del ámbito local.

A quién se le ocurrió despojar a las entidades federativas de las facultades que ya habían sido consolidadas en su ejercicio en un ámbito estrictamente coahuilense, por hablar de nuestro caso en concreto.

Esto nos debe poner a reflexionar que nos puede esperar en el futuro si no somos consistentes en la descentralización de la vida nacional. Digamos con voz alta, como es que el presidente de la República Enrique Peña Nieto ha sido verdaderamente exitoso al compartir responsabilidades federales con los estados.
Lástima que en lo Electoral haya sido al revés. 

Considero que no es tampoco conveniente que quienes nos sentimos afectados por las decisiones vacilantes del INE nos quedemos callados. Hay que exponer nuestra inconformidad.

Debemos tener muy claro que la diferencia de votos a favor de Miguel Riquelme no ha sido desconocida. Eso debe quedar muy claro. Nada descalifica el fondo de la elección. Y debemos de ser vigilantes para que el INE no vaya a tener espacio para empañar por sus propios errores el resultado original de la elección.
El periodo vacacional puede y debe ser una oportunidad para la reflexión profunda sobre lo que está en juego en el estado.

Estamos en una encrucijada que es al final de cuentas resultado de factores que no son derivados de la decisión ciudadana manifestada con votos por los coahuilenses.

Los que nos convencimos de una propuesta de gobierno, avalada por la experiencia y trayectoria de un político que ya ha alcanzado la madurez y la credibilidad por los resultados ofrecidos a lo largo de dos décadas en la política y el servicio público.

El INE con sus inconsistencias y desviaciones está poniendo en riesgo el cumplimiento de nuestra voluntad en favor de la lucha inteligente contra la inseguridad, que es sin duda una de las garantías que nos ofrece para el futuro el gobernador electo, Miguel Ángel Riquelme Solís.

No adelantemos vísperas. Pero ante cualquier tormenta política, producto de los que no saben reconocer que perdieron, porque nunca pudieron ganar la confianza mayoritaria de los electores, la autoridad electoral debe imponer el legítimo derecho, que en la democracia, le asiste a las mayorías ciudadanas. Ganó Riquelme. Respetemos su triunfo.