Italo Calvino a principios de los 80. / Foto: Especial.

A la memoria de Jesús Valdez Ramos

Comienza, más que un nuevo año, una nueva década para el arte y la cultura de nuestra comunidad. Así, un marco que se perfila óptimo para centrar una tentativa de proyección son las Seis propuestas para el próximo milenio, de Italo Calvino.

 

Lo que ya se sabe, en 1985, la Universidad de Harvard invitó al autor italiano a impartir una serie de conferencias donde compartiría su visión sobre el futuro de las artes, ante la incipiente llegada del nuevo milenio. El autor alcanzó a escribir cinco de seis y moriría poco antes de su cita, dejándonos en forma de libro estas perspectivas, como una suerte de testamento intelectual.

Las visiones de calado no suelen envejecer. Más bien se amplían y actualizan. La mirada de Calvino parece casi escrita para los días que recién han pasado o las semanas por venir. Y aunque sus propuestas se centran principalmente en la literatura, durante décadas su visión se ha ramificado para estudiar el porvenir de diversas artes y campos del devenir humano.

Aunque Harvard le dejó absoluta libertad para su serie de conferencias en 1985, Calvino propuso una serie de posibles características que consideraba pertinentes para seguir ejerciendo la literatura en el inicio de un milenio que hoy para nosotros ya es pasado: la levedad, la rapidez, la exactitud, la visibilidad, la multiplicidad y la consistencia.

Calvino sostenía que el segundo milenio había sido la era del libro: de su gestación y desarrollo. Anticipó que -al menos en la forma en que lo conocíamos- el libro, su formato, procesos y formas de circulación sufriría en el futuro cercano una profunda crisis. Sacudido por constantes revoluciones tecnológicas, éste habría de redefinir sus valores, formas de difusión, pero manteniendo su esencia, recalcada esta cualidad en aquel texto donde sostuvo que “ hay cosas que sólo la literatura, con sus medios específicos, nos puede dar.”

Las seis propuestas inconclusas.

Rapidez

Fue la primera propuesta que plasmó nuestro autor; entendiéndola como una condición unida a la concepción de tiempo. Un ritmo: el cumplimiento de un plazo y una voluntad autoral. Pero ateniéndonos a la RAE, el ritmo está definido como una “armoniosa combinación de cláusulas, pausas y cortes, un orden acompasado”.
Entonces, hoy ¿En qué se fundaría la concepción de la rapidez como valor intrínseco a las concepciones y creaciones de la actualidad? ¿Cómo no desligarse de ese atributo que en la modernidad nos sujeta a la aceleración, donde la comunicación virtual nos sitúa casi siempre en un desfase o destiempo? ¿Es hoy la rapidez una virtud? ¿O cómo sostiene el joven filósofo Luciano Concheiro, la virtud y la resistencia en la vorágine actual sería su contraparte de la lentitud y la pausa?

Pero Calvino se refería más que a la velocidad de la acción, a la rapidez del pensamiento; a una agilidad ligada a la capacidad autoral por asimilar de manera pronta los contextos, las tradiciones, las influencias, los estímulos. Una suerte de intuición y simultaneidad:

“La rapidez y la concisión del estilo agradan porque presentan al espíritu una multitud de ideas simultáneas, en sucesión tan rápida que parecen simultáneas, y hacen flotar el espíritu en tal abundancia de pensamientos o de imágenes”.

El artista rapidín

Ahora, situemos esta nueva concepción del libro y la rapidez en el tiempo y lugares actuales:
Si además del avasallamiento de los nuevos formatos digitales, la crisis económica derivada de la pandemia ha puesto en crisis la industria editorial, las ferias, la producción institucional -desaparecieron innumerables convocatorias, concursos, fondos- ¿Cómo se habrá de concebir la producción y la circulación del libro? ¿Qué otras alternativas, dinámicas y cualidades habrán de dotársele, para que la habitual producción editorial de las instituciones no sea solamente la descarga de un archivo en .pdf o .Epub? ¿Cómo se irán conformando las presentaciones de libros, más allá de una charla tele transmitida? Y lo que es más complejo aún ¿Cómo habrá de construirse un sistema de mercado que garantice una utilidad económica digna para los autores, en un contexto mayormente digital?

Sobre la concepción de la rapidez en el fenómeno artístico local : ¿Vale lo mismo una formación de años en la disciplina de las artes visuales que un mote auto nombrado o una carrera hecha al vapor? ¿Cómo aconsejaba aquella pintora: “para ser artista basta que tú digas que eres artista? ¿Cuentan lo mismo los años de estudio y especialización a que alguien, por pasatiempo, interés económico o simple necesidad de reconocimiento social se asuma como galerista, promotor o curador? ¿Un arte apresurado, hecho a la carrera, -rápido, coyuntural- es susceptible de reflejar fielmente y a profundidad los problemas de su tiempo? ¿Se puede todavía aspirar a discursos auténticos, fuera del oportunismo coyuntural -agenda lgbt, feminicidios, agenda ecológica, violencia?  ¿Cuántos creadores contemporáneos jóvenes observan y valoran las bondades -en su formación y en la creación de su obra- de la pausa y la dilación, de los procesos artísticos ligados indisolublemente a la noción -a la inversión- de tiempo? ¿Hasta dónde las obras por encargo y la urgencia económica acicatean -definen- la “velocidad” en los procesos de creación? ¿Cuánta de esta improvisada “simultaneidad” es real y cuánta de ella es vacua?

(Continuará…)


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