Debe reconocerse la capacidad de rectificación mostrada ayer para dar un paso al costado y evitar una crisis parlamentaria

Ayer comentamos en este espacio cómo en el Congreso de Coahuila se libra una lucha primitiva por el control de la Junta de Gobierno durante el último año de la actual Legislatura. Toda proporción guardada, la historia se repitió ayer en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Como informamos en esta edición, el grupo parlamentario de Morena, que tiene la mayoría en dicho órgano, pretendía retener a toda costa el control de la Cámara Baja, pese a la existencia de reglas que obligan a la rotación en la presidencia de la mesa directiva.

Tal intención, que va en contra de los consensos democráticos establecidos en los últimos años, fue expuesta en forma reiterada por legisladores como Dolores Padierna, quien pretendió justificarla en el hecho de que el triunfo del presidente López Obrador en las elecciones de 2018 “valida” el que su partido presida la Cámara durante toda la Legislatura.

Montados en ese argumento se bloqueó primero la posibilidad de que un legislador del Partido Acción Nacional encabezara la mesa directiva a partir del pasado 1 de septiembre y ayer se buscó reformar la Ley Orgánica para extender seis meses más el gobierno de Morena en San Lázaro.

El intento de los morenistas por mantener el control del recinto legislativo amenazaba ayer con provocar una crisis institucional que, más allá de la forma en que se resolviera en la sede parlamentaria, sin duda contradice el discurso de la denominada “cuarta transformación” cuya cabeza más visible presume todos los días su talante democrático.

La virulencia de los discursos que durante seis horas fueron pronunciados desde la tribuna parlamentaria -que se concentraron en acusar a Morena de pretender instalar una dictadura- obligó a que el presidente de la Cámara, Porfirio Muñoz Ledo, anunciara su renuncia a tal posición.

Una de las frases que utilizó para zanjar la discusión, sin duda merece comentario aparte: “Toda mi vida he pensado que la principal virtud de un político es la congruencia. También que se puede tener el poder y no pasar a la historia. Se puede pasar a la historia sin tener el poder”.

Más allá de las opiniones críticas que se tengan respecto del intento de Morena de “perpetuarse” en la mesa directiva de la Cámara de Diputados, sin duda debe reconocerse la capacidad de rectificación mostrada ayer para dar un paso al costado y evitar una crisis parlamentaria. Se trata de una virtud pocas veces vista en el medio político nacional.

Por lo demás, la capacidad mostrada por quienes integran el Poder Legislativo Federal sin duda representa un ejemplo que deberían seguir nuestros representantes a nivel estatal, a quienes ningún nivel de crítica parece capaz de hacerles reaccionar.

Aquí, lejos de asumir que las conductas anti democráticas no solamente afectan el prestigio personal de los políticos, sino que devalúan a las instituciones públicas, quienes integran el Poder Legislativo de Coahuila ni se ruborizan ni se arredran. Su propósito es la retención del poder y no les importa el precio que deba pagarse por ello.