Contra el gobierno del presidente López Obrador, continúa la estrategia “golpe blando” de la derecha política, empresarial, intelectual y periodística que sistemáticamente desinforma y desacredita y, de avanzar tácticamente, provocaría extrema crisis económica.

El 17 de septiembre, 650 personajes prominentes firmaron el desplegado “Esto tiene que parar”, porque “la libertad de expresión y la democracia están amenazadas”. Curiosamente no son reprimidos o amenazados por sus críticas al gobierno federal e improperios al presidente en lo personal.

Desde hace muchos años la derecha ha descalificado a AMLO: “mesías tropical”, “líopez”, populista, loco, etc. ¿No fue esto la siembra del odio y división en la sociedad mexicana?... “se tira la piedra y se esconde la mano”.

La contra respuesta “Por la libertad, contra los privatizadores de la palabra”, la difundieron en redes sociales el caricaturista y escritor Rafael Barajas (El Fisgón) y el escritor y analista político Pedro Miguel, para la cual recibieron más de 40 mil firmas de apoyo; desplegado que no se difundió en los medios impresos nacionales.

El cambio de régimen genera eventual desconcierto en un tiempo de transición, donde lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer; se posiciona un “estilo personal de gobernar”, pero implica transformación de estructuras jurídicas que regirán a instituciones y a la sociedad.

En tanto nuevas leyes y reglas se aplican y estabilizan, el antagonismo opositor descalifica todo y se afana por conservar el status quo anterior, que operaba acuerdos tácitos y reglas mutuas no escritas para favorecer intereses creados, con relaciones políticas que implicaban negociación o sumisión con el gobierno en turno, de cualquier Partido político (esto aún se replica en entidades federativas). Existía simulación en todos los ámbitos, incluidas la ciencia y la cultura. Así, la crítica contra el cambio evidencia más al régimen de corrupción del pasado reciente del país (Fobaproa y Odebrecht sólo como ejemplo). 

Lo anterior incluye tanto al ultraderechista Frente Nacional Anti AMLO                             –ampliamente difundido y defendido en medios-, la “Alianza Federalista” de diez gobernadores para modificar la coordinación fiscal y también las enérgicas críticas a la austeridad y reorientación del presupuesto federal para proyectos de infraestructura productiva y para transferencias sociales. La derecha se reagrupa, cada quien se ubica en su justa dimensión histórica.

Un día sí y otro también, los “adversarios” no dimensionan sus diatribas, porque no sólo reprueban y calumnian a una persona, sino a un amplio movimiento social que expresó hartazgo e irritación hacia el pasado régimen de nefastos y desastrosos resultados, baste verificar que no reducen significativamente los niveles de aceptación del presidente López Obrador, con 58% promedio en diversas encuestas.

Como en todo el mundo, con la pandemia no será sencilla la recuperación económica, sin embargo, hay avances: en mercados muy volátiles, tendencialmente se aprecia el tipo de cambio; en agosto las importaciones tuvieron superávit con 6,116 millones de dólares; con inflación no está desbordada (4% anual en agosto); en julio se recuperaron 7.8 millones de empleos y la actividad económica se ubicó al alza en 5.7%; déficit fiscal mínimo; recaudación fiscal sin reducción, acumulando a junio 1 billón 749 mmdp (sin condonaciones a poderosos corporativos); incremento de deuda pública por depreciación del peso, no por irresponsabilidad gubernamental; inició la reestructuración a cinco años de 9 millones de créditos bancarios; el Banco Central financia pequeñas y medianas empresas; entre otras cifras.

Precisamente, combatir la corrupción, sin favoritismos para grupos económicos, otorga certeza a la inversión privada; además, con incremento salarial y transferencias sociales se fortalece al mercado interno. Lo anterior genera relativa confianza en la cuarta transformación. Además, el populismo deja de serlo cuando los derechos humanos plenos y específicos se plasman en leyes constitucionales.

La oposición al cambio de régimen no ha afectado la eventual recuperación económica. En México el golpe blando “ha topado en duro”.